Oscuras Reflexiones: la autenticidad y valía trans


El colegio nos roba nuestra más pura autenticidad de los niños. Hubo un científico que dijo que todos al nacer somos genios, pues poseemos habilidades innatas, que el colegio nos hace perder fruto de una domesticación gradual del individuo, que desde su nacimiento, y a por defecto, le lleva a un estado de sumisión, hasta tal punto que le es incapaz de entender que su libertad ha sido ultrajada, y que es secuestrado como pieza clave del sistema.
Es curioso, pero los niños conflictivos, son los desadaptados, o los menos intelectos, son los que más sobresalen en el concepto de originalidad. Ser diferente los mantiene en un estado de libertad, lo que les permite ser tal como son, es decir, personas auténticas. Es curioso como el fuerte conflicto interno vivido los hace también más fuertes, soportando las vejaciones críticas de la sociedad rebaño, amargados y carentes de esencia y libertad.
El sistema está enfermo. Todos estamos enfermos de un virus llamado sometimiento y miedo. La enseñanza no puede garantizar más tiranía en el futuro. Son la competencia y los resultados académicos los culpables de hacer inútiles y acomplejados niños, que hartos dejan sus estudios. Al sistema no le interesa tener una sociedad prodigiosa, pero sí un rebaño obediente.
En el colegio, miles de niñes trans siguen sufriendo un fuerte proceso de estrés y a un juicio social injusto que termina por apartarles de la sociedad. (La ley del más fuerte). Por ello sufren la mayor discriminación, que tiene como consecuencia en el futuro, una devastadora herencia social. Es la dura y calamitosa realidad del mundo trans, siempre ceñido a lo auténtico y a la lucha por sobrevivir luchador. La persona trans sobrevive a casi todo, incluso a su mayor enemiga, ella misma. Por eso su fuerza interior es todopoderosa y a veces heroica.