Entrevistas

Vicente Quintreleo, músico chileno: “Argentina hizo descubrirme como artista”

Músico, migrante y fundador de Sudor Marika, Vicente Quintreleo presenta “Cancionero para Lemebel”, un espectáculo que entrelaza música popular latinoamericana y las crónicas del escritor chileno. Desde Argentina reflexiona sobre arte, memoria, migración y resistencia en tiempos donde los discursos de odio resurgen con fuerza y amenazan derechos que parecían conquistados.

“Por primera vez me voy a atrever a estar bajo la idea de ser solista, interpretando un repertorio de canciones que amo y dialogan con las crónicas que Pedro escribía”, señala Vicente Quintreleo desde Buenos Aires. El músico chileno, fundador de Sudor Marika y radicado hace quince años en Argentina, presenta esta semana “Cancionero para Lemebel”, un espectáculo que entrelaza música popular latinoamericana y textos del célebre cronista chileno. La propuesta, que se realizará en Casa Brandon, ya agotó sus entradas.

Nacido y criado en la Villa O’Higgins de la comuna de La Florida en Santiago, fue ahí donde tuvo sus primeros acercamientos a ideas como la consciencia social y al arte como un instrumento de lucha para las clases populares. Por supuesto ahí también recibió la influencia de los gustos musicales que habitaban en su hogar. Vicente reside en Argentina desde hace 15 años.

De La Florida a Buenos Aires

¿Quién es Vicente Quintreleo?
Soy un migrante, chileno mapuche, que reside en Buenos Aires. Decidí dejar mi tierra y mis afectos en busca de una vida diferente a lo que había vivido los primeros 25 años de mi vida en Chile. Mucho de lo que soy hoy, a mis 40 años, se gestó ahí, entre la segunda mitad de los 90 y la primera parte de los 2000. En el 2011 llegué a vivir a Buenos Aires y mi vida cambió completamente porque por circunstancias de la vida me comencé a relacionar con un mundo artístico y cultural muy sorprendente e inspirador que me empujó a involucrarme cada vez más en proyectos creativos y artísticos. Primero como productor y creativo en la cooperativa audiovisual Mil Volando Producciones con quienes trabajo hasta el día de hoy.

En 2015, Vicente junto a su compañero, el músico Sebastián Zasali y otres amigues más, formaron la banda de cumbia LGBTIQA+ Sudor Marika con quienes ya mantienen un trabajo de 11 años de carrera con tres discos en circulación. Luego con Sebastián dieron forma a un nuevo proyecto musical en formato dúo que se llama “Son Pololos” siempre desde ese deseo de hacer proyectos artísticos para la comunidad. Ahora, Quintreleo estrena “Cancionero para Lemebel”, su primer proyecto como solista.

¿Qué te motivó a cruzar la cordillera?
Creo que fue mi último trabajo en Chile y el libro Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño los que me provocaron la crisis necesaria para que el deseo de migrar se concretara. Sentía que las cosas habían perdido sentido y rumbo trabajando de lo que trabajaba, sufría por uno de esos primeros amores que una vive con intensidad adolescente, entonces quería un cambio radical que me acercara a ese abismo que es el sentirse vivo. Así que ante la insistencia de una amiga muy amada que estaba viviendo acá y junto la complicidad de otra marica hermosa, me vine sin muchas pretensiones a vivir a Buenos Aires. Ya son 15 años de vivir esta vida tan querida y fascinante que me sucedió por estar acá.

Descubrirse artista lejos de casa

Y en Argentina, ¿has encontrado un espacio seguro para tu vida y tu desarrollo profesional y artístico?
Sí, totalmente. Argentina hizo descubrirme como artista, salir de ese clóset que era para mí el serlo. Porque era una pulsión potente que siempre estuvo ahí, creo que desde muy chico disfruté la posibilidad de interpretar cosas y de trabajar en colectivo con otras personas. De adolescente y casi por accidente, llegamos con unxs amigxs a sumarnos a un taller de teatro en un centro cultural de la población donde crecí. El espacio se llamaba La Casona de los Jóvenes que era como una vieja escuela devenida en centro cultural donde por primera vez tuve una experiencia profunda con el arte por medio del teatro, con una mirada sumamente política de lo que construíamos gracias a nuestra profesora, Kathy, que era anarquista y de algún modo germinó ahí una consciencia y valores de los que nunca más pude desprenderme.

La música llegó por dos instancias que van de la mano. Por una parte mis padres fueron quienes supieron mostrarme un crisol de estilos y canciones que sumado a mis propios gustos, construyeron mi universo musical que me acompaña hasta el día de hoy.

Por otra parte, en mi casa había una vieja guitarra que desde muy chico usé para jugar y de más grande aprendí mis primeros acordes en un taller de guitarra en la parroquia de mi barrio. Pero fue cuando a través de un cancionero que compré en la feria de la “Nueva canción chilena” de la revista “La Bicicleta”, que tuve la posibilidad de aprender canciones que me gustaban y eso me abrió todo un mundo de nuevo.

Todo esto que se germinó en mi tierra, tuvo una explosión estando en una ciudad tan inmensa, abierta y cultural como lo es Buenos Aires con sus generosos modos de producir arte y sentidos y que además respondían al momento histórico en el que llegué en el 2011 con una comunidad LGBTIQA+ sumamente organizada políticamente, ya con la conquista de la Ley por el Matrimonio Igualitario adentro y de cara a la aprobación de la Ley de Identidad de Género en el 2012 lo que establecía un contexto bastante favorable para nosotres las disidencias sexuales, con un Estado reconociendo y ampliando nuestros derechos. Así que en ese sentido, Argentina, se transformó en un lugar bastante seguro para vivir en comparación a lo que había sido mi experiencia en Chile hasta ese momento.

Resistir en tiempos de discursos de odio

“Estamos atravesando un momento histórico muy doloroso para muchxs en donde se vive una avanzada de esta nueva derecha ultrafascista que acompañada de políticas económicas de ajuste empobrecen nuestras vidas”, señala Vicente respecto a la situación política de Chile y Argentina, además advierte que esto no viene solo, “se acompaña de la reivindicación de discursos de odio y prácticas de violencias que pensamos parte de un pasado al que no volveríamos jamás”. Quintreleo es enfático y señala que “la salida es colectiva”, afirma.

Mirando a ambos lados de la cordillera, ¿cómo analizas y vives los contextos de los actuales gobiernos de Chile y Argentina para las comunidades disidentes?
De pronto acá estamos, viendo cómo esta pospandemia se configuró como esa venganza conservadora ante la avanzada mundial de las ideas progresistas, como fue en el caso de Latinoamérica, con la lucha de los movimientos transfeministas de los distintos países por el aborto seguro, gratuito y legal y todas las ideas de ampliación de derechos de protección e inclusión social para mujeres y disidencias. Todo esto, pareciera ser hoy parte de la excusa con la que el fascismo avanza con violencia sobre nuestras existencias y deseos de un mundo más justo. Pero también sabemos que este argumento, el del odio hacia nosotres, son parte de una maquinaria más amplia y sádica que busca el enriquecimiento de unos pocos a costa de miles de vidas que se pierden diariamente bajo las dinámicas de un modelo de producción de este capitalismo salvaje en decadencia que nos esclaviza por medio de la deuda eterna que implica el vivir.

Es doloroso ver la cantidad de gente que hace algunos años había ganado dignidad por el acceso al trabajo, a la alimentación, a la educación, a la vivienda digna y hoy son muchísimas las personas que han perdido todos estos derechos transformando sus vidas en algo muy miserable. Es increíblemente triste ver cómo aumentó la cantidad de personas en situación de calle en Argentina, como los comedores populares no dan abasto, mientras que a los grandes empresarios y terratenientes no se les para de dar beneficios que no hacen más que incrementar sus patrimonios.

Al margen de todo esto, las disidencias sexuales nos transformamos tanto para los proyectos políticos de Kast y Milei en uno de los chivos expiatorios con los que buscan hacer humo y tapar con esto las desgracias que están generando sobre nuestros países, empeorando nuestras vidas y saqueando las riquezas de los países para entregarlas a las potencias dominantes como EE.UU.

En el mientras tanto, se incrementan los ataques de odio generando en la Argentina de hoy, por ejemplo, un ataque de odio cada 38 horas, una situación sumamente preocupante, más cuando el Estado cerró instituciones que trabajan en contra de la discriminación como el INADI y cerró espacios de políticas públicas como el Ministerio de la Mujer, lo que se ha traducido también en un incremento preocupante de los casos de violencia y crímenes hacia las mujeres.

Ante esta situación, más que nunca es importante la organización y el tejido de redes dentro de nuestra comunidad y en diálogo constante con otras comunidades (migrantes, racializadas, etc.) porque hay algo que se repite muchísimos en los espacios de lucha popular que es la idea de que “la salida es colectiva”, y es cierto que la única forma de hacer frente a todo este aparato que sistemáticamente va contra de nuestras existencias es no estar solx, hacer con otrxs, refugiarse en otrxs, hacer trincheras con otrxs.

La música como memoria y territorio

Regresando al ámbito artístico, además del “Cancionero para Lemebel” que lo tiene bastante obsesionado, Vicente está trabajando en un proyecto documental sobre personas que estuvieron privadas de su libertad que se llama “El Afecto” que realiza con la cooperativa audiovisual Mil Volando Producciones a la cual pertenece desde el año 2012.

¿En qué proyectos artísticos o de investigación estás actualmente?
En estos días vamos a volver con Sudor Marika al estudio para grabar lo que va a ser el nuevo material de la banda, que nos tiene sumamente felices porque hace tiempo que teníamos ganas de salir con nuevas canciones y en estos contextos no viene siendo fácil para los proyectos artísticos que somos independientes y autogestivos, pero ante todas las adversidades estamos a días de poder producir lo nuevo que de seguro estará disponible en algunas semanas más.

Un cancionero para Pedro Lemebel

Tu trabajo tiene un fuerte vínculo con Pedro Lemebel, ¿cómo nace este proyecto y de qué manera dialoga la estética y la urgencia de Lemebel con tu propia biografía?
El origen de este proyecto no es solo uno, aunque hay momentos recientes que fueron determinantes. Primero que todo está mi deseo desde hace mucho tiempo de tener un proyecto musical que traiga este repertorio que propongo y que habla de mi propia historia. Me moviliza el deseo de ser el intérprete de una selección que va desde el folclore político de Víctor Jara, Violeta Parra o Patricio Manns a la sensibilidad romántica latina de artistas como Cecilia, Leonardo Favio, Juan Gabriel, Massiel, entre otres.

Hablando justamente de todo esto, el verano pasado comiendo completos por el centro de Santiago con mi querido amigo Pedro Bahamondes, curador de la muestra sobre Pedro Lemebel “Aquí está mi cara”, me propuso llevar este repertorio a la muestra con el nombre de “Cancionero para Lemebel” porque ambas entendíamos la conexión que había entre estas canciones y su literatura. Ahí fue que nació específicamente este proyecto que apenas volví a Buenos Aires, le escribí inmediatamente a Andrés Valenzuela, artista chileno residente en Buenos Aires, para que desde esa pulsión migrante que nos hermana, pudiéramos construir este imaginario que es hoy este espectáculo y realmente estamos felices construyendo juntas desde nuestras distintas disciplinas.

Hoy siento que es urgente, en tiempos en que los proyectos neoliberales avanzan con tanta potencia entregándose como perritos sumisos a las grandes potencias como EE.UU., poder reivindicar una estética lemebeliana que también es una estética que alza el sentido de lo latinoamericano como identidad subversiva y amorosa y que reivindica también a tantas otras que en distintos lugares del territorio, han dado su vida alzando las banderas de la identidad que corren por fuera de los cánones de este sistema heteropatriarcal.

Once años de Sudor Marika

También eres parte de Sudor Marika, ¿cómo ha sido tu experiencia y tu trabajo con la banda?
Sudor Marika sin duda ha sido el proyecto más importante y trascendental de mi vida. Aún recuerdo el día que le dije a Sebastián que sería lindo hacer una banda de cumbia de maricas sin imaginar el universo que eso significaría 11 años después. Si bien la banda abrazó una identidad en su nombre (Marika) el proyecto desde los inicios ha estado conformado por lesbianas y varones trans, además de las colaboraciones que hemos tenido con amigas travestis como Susy Shock (Vení a Sudar) o Ayelén Beker (La Peligrosa). Señalo todo esto más que nada para decir que este proyecto es mucho más amplio a lo marica, lo que a su vez lo hace más rico en su potencia y en sus posibilidades tanto discursivas como militantes.

Nuestro primer disco llamado “Las yeguas de Apocalipsis” (2017) fue realmente un hito y una interrupción dentro de la escena no solo cumbiera, sino que en la escena musical argentina en general y en la militancia política. Después vino nuestro segundo disco “Populismo rosa” (2019) que sintetiza toda resistencia que surgió ante el proyecto político de Macri y la lucha en las calles y las distintas asambleas que surgieron. Y en el 2024 grabamos nuestro tercer disco, que se llama “El deseo es una bailanta” que es un disco postpandémico que sin abandonar la lucha, se permite trabajar más desde una sonoridad que reivindica la cumbia norteña migrante del Perú y cuenta con grandes colaboraciones como El Pepo, Sofía Viola y Paula Trama.

Si bien ya existía un proyecto de cumbia disidente en Argentina, nuestras queridas Kumbia Queers, Sudor Marika supo construir su propia propuesta tanto musical como poética haciéndola única en su estilo y esa particularidad fue la que le abrió muchísimos caminos permitiéndonos estar presentes en muchas ocasiones en las calles, en distintas manifestaciones públicas y festivales sobre todo durante el macrismo.

Esta militancia artística nos dio la posibilidad de participar en eventos sumamente históricos no solo de nuestra comunidad, sino que también de eventos políticos de muchísima trascendencia como lo fue la asunción presidencial de 2019, donde por primera vez en un evento de estas magnitudes, un proyecto explícitamente disidente, participaba de uno de los escenarios más importantes del país, La Plaza de Mayo, con más de un millón de personas bailando al ritmo de nuestras canciones. Situación que a la derecha y sus medios de comunicación, no les gustó nada, odiándonos hasta el día de hoy por esta acción. También en el año 2023 hicimos nuestra primera gira a España, estuvimos un mes recorriendo distintas ciudades y participando en grandes eventos como el cierre de la Marcha del Orgullo de Madrid, compartiendo escenario con Miranda, Lali Espósito y Tokischa.

El año pasado estuvimos festejando los primeros 10 años de la banda con una serie de conciertos donde nos acompañaron grandes artistas de la escena cuir argentina, amigues muy querides con quienes hemos construido muchos puentes y trincheras durante todos estos años y nos acompañaron en estas fechas a reconfirmar el pacto de amor que Sudor Marika tiene con su público también.

Una noche en Casa Brandon

Se viene una fecha importante en Brandon, ¿con qué nos vamos a encontrar ese día?
El “Cancionero para Lemebel”, será una noche única, una velada llena de muchas emociones que además de las canciones, contará con las lecturas de distintas crónicas que Pedro escribió, interpretadas por Alejandro Modarelli, Paulina Domínguez, Juan Solá, amigues que sin duda darán el alma en cada palabra. Además contaré con la participación de la gran artista Ayelén Beker que cantará conmigo algunas canciones y nos deslumbrará con su belleza y enorme talento.

Estoy muy feliz de poder hacer este homenaje en un lugar tan icónico como Casa Brandon, porque es un lugar muy significativo para la cultura LGBTIQA+ de Buenos Aires y es un espacio donde he construido una linda historia desde hace muchos años.

De algún modo es un lugar que me hace sentir cómodo y en confianza para abrir esta intimidad que implica ser el intérprete de este concierto.

Deseo hacer una mención especial para la banda que me acompaña dirigida por mi amado compañero Sebastián Zasali en teclados y coros, Aldo Vallejos en bajo y guitarra y Emiliano Videla en percusiones, profesionales de la música, sin quienes nada de este delirio sería posible.

Las entradas para “Cancionero para Lemebel” están agotadas y eso tiene a Vicente «muy emocionado y con muchas ganas de dar todo sobre el escenario». A quince años de haber cruzado la cordillera, el músico chileno continúa construyendo desde Buenos Aires proyectos donde el arte, la identidad y la memoria dialogan con las luchas y afectos que han marcado su trayectoria.

@quintreleo

Fotografías Andrés Valenzuela @andresvalenzuela.cl

Revista Clóset

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