El final que nos negaron, Heartstopper Forever y la representación LGBTIQA+


“Como compañero homosexual te diría que, históricamente, la gente queer nunca ha pedido permiso para existir”, Heartstopper Forever.
Por Niko Cordone Arcoíris Peronista y Frente Renovador Ciudad Diversidad para Revista Clóset
@arcoiris.peronista
Llegó el final. Lo que esperábamos y al mismo tiempo no queríamos que llegara nunca. En este punto podría buscar autores y pensar técnicamente sobre formas de representación audiovisual y la temática LGBTIQA+ pero no quiero. Hoy quiero hablarle al adolescente que fui. Quiero hablarle a quienes no pudimos vivir la historia de Charlie y Nick y sé que hablándole a él le hablo a muchxs de nosotrxs.
Vimos con ternura nacer esa historia y quisimos en nuestro fuero más interno que hubiese sido la nuestra. Que esos primeros saludos cargados de amor nos los hubiesen dedicado o hacérselos dicho a alguien. Pero no fue así. Crecimos en una región en la que aún no estaba naturalizada la cuestión homosexual y muchas otras.
Sé que nosotrxs, como tantos otros, seguimos con afán esa historia para hacerla propia y aunque hoy estamos más cerca de ser esos docentes y adultos gay que acompañan a esxs adolescentes, una parte de nosotrxs vive esa historia como propia.
A todxs: la historia de Nick y Charlie es el final que nos negaron a muchos de nosotrxs. Por ende, y como diría Lohana Berkins (una conocida activista travesti argentina) ese amor negado será nuestro impulso para cambiar al mundo.
Voy a articular mi reflexión a partir de diálogos que aparecen en la película. Citarlos para citarnos, como una forma de pedir prestadas expresiones para hablar de nosotrxs.
“Me encanta que tengamos mañana”
Mientras se observa una baja en la representación LGBTIQA+ en cine, y mientras muchas personas del colectivo eligen la propia hipersexualización como máscara ante el mundo, esta película nos plantea, en parte, el despertar sexual de dos varones adolescentes que se amaron desde el primer capítulo temporadas atrás. Me pareció muy potente que la sexualidad apareciera de manera tierna. ¿Acaso una forma más original de plantear lo que se ha hecho cotidiano y, por ende, se devaluó? Charlie y Nick tienen deseos y vemos como los concretan, pero no pierden por ello su ternura, esa que hoy escasea en un mundo deshumanizado.
Frente al dilema del futuro mundo universitario y recientes desafíos laborales, uno de los personajes esboza esa frase: “Me encanta que tengamos mañana”.
Tan simple y tan potente. Porque como dice Judith Butler en “Sin miedo”, una forma de crear futuro es comenzar imaginándolo. Tal vez sea por eso el ataque sistemático por parte de los fascismos al arte y a todo lo que conlleva creatividad. Pero en este film aparece de la manera más sencilla y cotidiana.
¿Por qué nos identifica esta serie y su final? ¿Es porque los treintañeros y cuarentones vemos en ellos a lxs jóvenes que queríamos ser?
Algo está claro en esta producción: no necesitó perderse en complejas definiciones sobre identidades u orientaciones (esas que tantas veces confunden y dinamitan el diálogo). La propuesta fue mucho más simple y potente: mostrar a un grupo de adolescentes, ordenados dramáticamente en torno al amor de sus amigos, y sin que sus conflictos representen traumas irreparables en sus vidas.
“Si no puedo protegerte, ¿Quién soy yo?”
La película retoma problemática de la salud mental en adolescentes. Sabíamos de las problemáticas que tenía Charlie pero afortunadamente se suman también las dificultades de Nick. Digo “afortunadamente” no porque se los desee sino porque nos demuestra como las problemáticas toman distintas formas y momentos sin estancarse únicamente en los mismos individuos.
Que la película y las temporadas anteriores hayan hecho circular los sentires pero también las problemáticas entre unos y otros personajes nos ofrece la oportunidad de humanizar la salud. En Heartstopper no se trata de personas saludables y de pacientes, divididos inamoviblemente; sino que vemos cómo las cuestiones mentalesy físicas van y vienen entre unxs y otrxs.
No hay héroes impolutxs, ni pacientes sin remedios. Hay personas con altibajos, con avances y retrocesos como en la vida misma. ¡Qué potente cuando la salud mental no cae en estereotipos y prejuicios que lejos de empoderar perpetúan el desconocimiento.
Fundamental en este punto ver el vínculo que estxs jóvenes protagonistas tienen con lxs adultxs. Se abre la necesidad de defender como hermanos mayores a quienes nos necesitan.
Esta pieza también hace un abordaje maravilloso a las cuestiones escolares.
Todavía hay docentes que aún no escuchan las señales que ya están ahí. Todavía quedan personas con poder de decisión en materia de política educativa, sin prestar atención o, peor aún, desviando tendenciosamente la cuestión.
Hace unos días la vicejefa de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires manifestó un claro ataque a la ESI. Clara Muzzio declaró abiertamente en una entrevista que la Ley Nacional de Educación Sexual Integral era un mecanismo siniestro que tergiversa ideas en la cabeza de infancias y adolescencias haciéndolos creer, que había más de dos géneros.
La vicejefa de gobierno de CABA debería ver nuevamente las estadísticas del poder judicial que muestran como la ESI ayudó a detectar abusos intrafamiliares. En Argentina los datos indican que dichos abusos son perpetrados en un 80% por hombres heterosexuales del entorno/familia de la víctima.
En contraposición Heartstopper nos plantea la necesidad de crear nuevos espacios en donde se intercambien y eduquen también las emociones y vínculos. La potencia del mensaje no es el espacio en particular sino que se da dentro de la escuela y luego de la no-escucha inicial de las autoridades. ¿Cuánto se está pensando realmente la escuela hoy para enfrentar las nuevas problemáticas que atravesamos como sociedad?
Por eso ese club pequeño que crea Charlie junto a sus amigxs para cambiar las cosas empieza a albergar a jóvenes más pequeños de la escuela. No podemos crear una escuela acorde a los nuevos tiempos sin incluir a lxs jóvenes en el diseño de la misma.
– “Nick siempre piensa en el futuro (…) Yo antes no pensaba en el futuro (…).
– Estabas ocupado en sobrevivir”.
Los personajes de Heartstopper tienen posibilidad de futuro, algo que pareciera negado en el mundo real. Y cuando digo que parece negado me refiero a que sabemos que mañana podemos despertar, pero ¿qué sentido tiene en un mundo que nos ofrece desigualdad, violencia y distintas formas de odio?
“Pues yo soy optimista”
Lejos entonces de la romantización, el optimismo de los protagonistas se vuelve pedagógico para quienes observamos el film. Nos educa y recupera la idea de un mañana feliz. Nos recuerda la posibilidad y eso lo vuelve contestatario. Cuando la pedagogía de la crueldad vuelve el modo de operar en un mundo de dueños en guerra, la esperanza se vuelve revolución.
Y es revolucionaria no porque quede en el plano de las ideas o deseos de los protagonistas, sino porque ellxs construyen desde ahí su accionar.
En Heartstopper la esperanza no es una idea, sino una acción que ordena la vida, los vínculos y la posibilidad de futuro.
“Charlie, sé que estás mal, necesito que vengas y me acompañes el sábado, porque me muero de miedo. El mundo me odia ahora mismo. El gobierno me está quitando los derechos y todo por lo que hemos luchado. (…) solo quiero ser yo misma. Ser libre”.
El pedido de una joven trans a su amigo en la película es un pedido directo a lxs espectadores. El orgullo emociona, pero sólo la organización política transforma. A diferencia de esas primeras movilizaciones históricas en cada país adonde por lo general se presentaban como movimientos “gay/lésbicos” a nuestra época le toca abrazar con más fuerza aún a las identidades trans. Es imperioso no caer en la trampa a la que se nos invita desde algunos movimientos internacionales a que la sigla LGBTIQA+ pueda existir sin la letra T.
En el film vemos ir a Charlie y su grupo al Orgullo de su ciudad. Simbólicamente ellos caminan dentro del orgullo a contramano de la columna. No quiero pasar por alto ese detalle porque muchos caminamos a contramano del Orgullo. Mientras muchos quieren que tan solo sea una fiesta, muchxs elegimos la reivindicación y la lucha.
Es que cuando un ritual se vacía de contenido es como asistir a la iglesia sin tener fe. Es posible, pero sólo es una cuestión de formas.
Lo que mantiene vivo a los movimientos es su sentido épico y de lucha. Y créanme, sobran motivos para luchar.
“Nos hacen pensar que solo hay un futuro posible”.
Sin importar la edad que tengamos, nos atraviesan las mismas incertidumbres, los mismos miedos.
El mismo odio con distintas formas. Los mismos apoyos con distintas caras.
“Papá nos jodió la vida… lo tengo en mi cabeza”.
Digamos la verdad: hay muchos adultos estúpidos e ignorantes. El adultocentrismo es todavía un problema que no abordamos con la complejidad que requiere. Y si bien es cierto que en antiguas sociedades los ancianos poseían saberes que pasaban oralmente de generación en generación, también es cierto que se perpetuaban prácticas indeseables.
La edad no trae solamente permisos, a veces afianza comportamientos tóxicos y nefastos. La película no salva a los adultos. ¡Afortunadamente! Y a través del vínculo de Nick, con su hermano y su padre, somos capaces de ver el daño que podemos hacer en jóvenes que nacen al mundo.
Las historias que nos acompañan…
Los mandatos que nos marcan…
Las presencias que determinan quienes somos…
A través de ellxs sanamos las historias que varias generaciones no hemos tenido. O no.
Los jóvenes nos necesitan tan trolos, tortas o travas y hetero como podamos ser. Pero sobre todo necesitan que lxs abracemos. En este mundo complejo y despiadado los abrazos hacen la diferencia.
En Argentina, las estadísticas del poder judicial indican que un adolescente por día se quita la vida. Nos toca transformar esa estadística, se lo debemos no sólo a nuestros alumnxs. Tenemos que hacerlo por nuestrxs hijxs, nietxs y sobrinxs.
“El amor que nos une nunca se romperá”
Ahora somos nosotrxs quienes cuidamos de esas nuevas generaciones. Somos nosotrxs quienes nos encargamos de activar protocolos en escuelas cuando vemos vulnerado algún derecho de infancias y adolescentes. Ayudamos a cuidar lo que conquistamos. Somos esos profes alentando debajo de la mesa a romper ciertas reglas que también sentimos injustas.
Una parte de nosotrxs seguirá sintiendo miedo por esos besos. Pero lo haremos por esos besos que queremos que sigan naciendo.
Queremos besos por los besos en sí.
Porque besar está bien, no importa quien lo diga. Porque amar está bien. Necesitamos educar para alcanzar esos finales. Necesitamos finales felices.
Créanme, los estamos escribiendo.