Opinión

Gays, lesbianas y trans. Cuando la discriminación es la pandemia

Ser gay, lesbiana y trans en tiempos de pandemia puede ser una verdadera pesadilla. Momento en donde la discriminación, la violencia, la exclusión y la segregación pueden mostrar su peor cara, muchas veces esta violencia viene de las propias familias y no podemos justificar todo con la frase «falta de educación sexual» el respeto a la diferencia no solo debe existir en la comunidad LGTB. Este respeto debe atravesar barreras religiosas, étnicas y sociales.

Hoy el gobierno hace un fuerte llamado a respetar la cuarentena, y medidas preventivas como un gesto de empatía a la comunidad, sin hacerse cargo de las realidades, transformándose en palabras sin eco social.

Lamentablemente este llamado desde el punto de vista sanitario está en lo correcto para evitar la pandemia, para muchos que conformamos las llamadas minorías sexuales se vive a punta de agresión y maltrato, se está conviviendo a cara con lo no deseado. Sabemos que esto no se da en todos los hogares y a la vez sabemos que esos espacios de contención y cobijo son los menos. Es lamentable saber que la gran mayoría y sobre todo la comunidad trans proletaria es donde más se presentan episodios de violencia y castigo, a la diferencia.

En este sentido podemos encontrar violencia física, psicológica, económica, sexual y por omisión (esta última tiene relación con la negación de algún producto de primera necesidad al interior de dicha hogar).

Como señalé anteriormente, la población más afectada es la comunidad trans, muchas veces personas que evitan estar en sus hogares y que hoy a falta de un refugio estatal deben permanecer en las mismas casas que los hicieron crecer a costa de violencia.

Para muchos que conforman la comunidad trans se abren las heridas de prejuicio y discriminación que manifiestan sus propios seres queridos, desconocemos cuántos y cuantas fueron víctimas de acciones correctivas en sus propios hogares; insultos, golpes, privación de alimentos y lo peor, ausencia total de respeto por su nombre social.

El impacto psicológico que esta violencia estructural genera, demora años de sanar con psicoterapia, llevándonos a los profesionales de la salud a no trabajar bajo el perdón ni olvido, sino la resignificación de lo vivido.

Para muchos y muchas ronda la idea de una casa de tránsito, sin embargo la ausencia de política y voluntad también violenta, desvaneciendo la idea de contar con un espacio seguro. Muchas veces la realidad que se vive al interior de los hogares de gays, lesbianas y trans, con verdaderos espacios de patologías mentales que siguen la política de la conversión. La vergüenza de un hijo marica es la pandemia que algunas familias han deseado llevar. En esos momentos recordamos que acompañar el izamiento de bandera no tiene sentido si no existen lugares seguros, educativos y formativos.

Si bien para la población trans existe hoy la Ley de Identidad de Género, todos sabemos que no basta solo un papel si no hay educación sexual. En la actualidad muchas de las personas trans están siendo llamados por su nombre de nacimiento, obligados u obligadas a ocupar su ropa según género de nacimiento y exigiéndoles un comportamiento bajo la mirada binaria patriarcal ortodoxa.

Como es de esperar, las mujeres lesbianas también son afectadas y como regreso al siglo pasado, plenos años 50, vuelven los controles sobre ellas, las llamadas parecen ser atendidas por más de un oído, la madre, hermanas, sobrinas desean saber con quién habla «la camión», volviendo la frase burlesca de marimacha, esa frase que muchas veces la arrojó sobre la cama con el deseo de quemar todo. Los gays, si bien gozamos de las migajas patriarcales, la violencia será según la expresión de nuestra manera de sentir nuestro cuerpo y mente, acá la loca experta en resiliencia se transforma rápidamente en el punto de entretención de la familia, rompiendo con sus anécdotas las miradas del desprecio de papá y la impotencia de mamá.

Hoy cuando se pide no salir de casa es importante recordar el doble esfuerzo que hacemos gays, lesbianas y trans por estar en una casa que no es un hogar. Las políticas educativas y sanitarias deben considerar esta situación.

IG: @psicologodiaz

Revista Clóset

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