El Oso Oscuro

Morning Wood

José levantó su torso y se sentó en el borde de la cama, peinándose con una mano, tratando de asimilar la salida del mundo de los sueños y la bienvenida a la realidad. Puso esfuerzo en sus talones para comenzar la breve y tortuosa marcha a la ducha, cuando fue detenido con un leve jalón de su muñeca. Era la mano de Gonzalo que parecía ser la única falange funcional en un cuerpo abatido por el amanecer y cuyo único fin era mantener a José en la cama.

– Buenos días, amor – dijo José y sonrió cuando vio que un ojo de Gonzalo lo miraba
– Buenos… vuelve a la cama
– Tenemos que ir a trabajar
– Lleguemos tarde…

Gonzalo, que no había soltado la mano de José, la tiró debajo de las sábanas, llevando el cuerpo de su amante al nido de frazadas del que se había liberado con tanto esfuerzo. La mano de José aterrizó en el pene de su novio. José adoraba esa sensación de firmeza cada vez que despertaba y disfrutaba apretarlo levemente sólo para que Gonzalo bombeara sangre y luchara contra la presión. Luego de eso, todo era inevitable.

Gonzalo estiró su torso sobre la cama, mirando hacia arriba: lampiño, grandes tetillas, pecho carnoso y panza voluptuosa y firme. José pasó su mano, liberando la verga de su amante, desde la panza, al pecho, hasta el cuello. Estiró su palma sobre el plexo solar y besó los labios de su novio. No le importaba el aliento de la mañana ni la densidad de la saliva de ambos, el deseo carnal del uno por el otro era mas fuerte y comenzaba a arder.

Acercó su cuerpo al de su amante. José, fornido, espalda ancha, brazos gruesos, pecho, brazos y espalda con abundante vello. Las grandes manos de Gonzalo recorrían cada pelo de la espalda, apretando las carnes de su amante, hasta llegar a su trasero. Llevó sus dedos índice y medio a la boca para mojarlos con saliva y los retornó al culo de José. Introdujo ambos entre las nalgas y llegó con el índice al ano. Lo tocó suavemente y recorrió su contorno, mojándolo con la saliva. José aumentó la profundidad de su respiración, liberando un corto gemido cuando Gonzalo introdujo la punta de su dedo en él.

Gonzalo abrió su palma en el pecho de José, hundiendo sus dedos en la alfombra su vellos gruesos, y lo empujó contra las almohadas. Se abalanzó sobre él, mirándolo a sus ojos, llevando sus mano entre las piernas y presionó con fuerza la zona perineal de José, quien ahogó un quejido al estirar su cuello gruezo con fuerza. Gonzalo disfrutó ver como el cuerpo de su novio se retorcía de placer, como se aferraba a las ropa de cama, estrujándolas entre sus puños.

Gonzalo tomó a José de la cintura y lo giró en 180 grados. Contempló la maravilla de culo de su amante: pequeño, redondo, firme, muy peludo y con tono ligeramente menos moreno, causado por los baños de sol en sus últimas vacaciones.

Violentamente Gonzalo golpeó con su verga erecta una de las nalgas de su amante, lo cual implicaba que no sería un ritual suave y romántico, sino que tendría los matices de violencia que tanto les gusta y que ha hecho que se enamoren.

Gonzalo tomó el pomo de lubricante, apretó con firmeza y obtuvo la generosa cantidad que sugiere la caja del mismo; lo dividió para su verga y el culo de José. Con el pulgar aseguró de lubricar el interior de su novio, quien volvió su mirada a él mordiendo sus labios en señal de deseo avasallador.

Gonzalo empujó su verga contra el culo de José. Comenzó a sentir la dilatación en él. Por su lado, José comenzó a sentir la presión y cómo la piel mojada y cálida entraba en él. Respiró profundamente y contuvo mientras Gonzalo invadía su anatomía, haciéndole pensar que su cadera se separaba. Embistió con fuerza y logro generar en José un ardor que le provocó dolor y placer. Retiró su verga y José gritó desde el estómago arqueando su espalda y levantando su mentón hacia el cielo. Gonzalo se acercó a su amante y le susurró al oído “tu eres mío”. Penetró despacio el culo de su novio y observó como todos los vellos de su espalda se erizaron. José empuñó sus manos y las enterró en la cama, levantó el pecho y lo puso duro, sus omóplatos se levantaron como las escamas de un dragón y levantó el culo, estaba listo. Gonzalo comenzó a embestirlo lentamente mientras que José gruñía y ponía mas rígido su cuerpo, conteniendo la fuerza con la que era golpeado que se incrementaba con casa embiste de su amante. Éste sacó toda su verga y vio como el ano de su novio se contraía como la boca de un pez. Volvió a introducirla rauda y José golpeaba las almohadas ahogando gritos de dolor y placer. Repitió esta acción unas veinte veces, con la última comenzó a sentir ese cosquilleo en la base del pene que le anunciaba el dulce desenlace.

José retrocedió y bajó sus pies al suelo, apoyándose en la cama con los brazos extendidos. Volvió su mirada a Gonzalo, empoderado en su posición de pasivo, con la verga de su hombre completamente dentro de él, capaz de soportar la el choque de un tren con su culo y le dijo “démela”. Gonzalo se aferró a la cintura y lo comenzó a follar violentamente. La intensidad fue aumentando hasta que José pensó que no volvería a caminar. Sentía que la verga de su amante se hacía mas gruesa, que le dividiría la cadera, que la fuerza con la que lo embestía subía por su cuerpo como golpes de corrientes. Soltó su brazo y azotó su cuerpo en la cama, sintiendo como sus tetillas se frotaban contra el colchón y como su verga erecta se masturbaba por los embistes de Gonzalo, mojando las sabanas color verde petróleo, dejando una mancha oscura bajo la misma.
José estiró las manos y se afirmó al colchón, Gonzalo presionó la cadera contra con el peso de su cuerpo, para levantarle más el culo y follarlo mas fuerte aún. Un escalofrío se apoderó de la cintura de Gonzalo acompañado de una violenta eyaculación que lo derribó sobre la espalda de José, éste se apegó al torso de su amante, sintiendo como que el semen de su novio seguía llenándolo. Se mantuvo firme mientras disfrutaba los últimos embistes.
Gonzalo abrió los ojos entornando las pupilas en el cuello de José, el que besó tiernamente. Abrazó a su novio y ambos estiraron las piernas sin despegarse.

El ruido del exterior, autos y micros, se sintió en la pieza. Ambos notaron que las alarmas de los celulares seguían sonando.

El Oso Oscuro

Oso de tomo y lomo. Orgulloso y comprometido con la causa BEAR en Chile. En busca de exteriorizar, mediante la literatura, las emociones y los demonios que me visitan a diario. Mis cuentos tienen detalles morbosos y a veces groseros, cosa que me encanta, en contextos de la vida normal. Creo en la belleza fuera de los cánones tradicionales y en la maravilla de los clichés. Mister Oso Chile 2017 – Osos Chilenos.

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