

Ubicado en Plaza Italia, el emblemático local fue punto de encuentro nocturno, refugio urbano y parte silenciosa de la memoria LGBTIQA+ de la capital. Su cierre marca el fin de una era en la bohemia santiaguina.
La icónica fuente de soda “Prosit”, ubicada en Avenida Providencia 13, a pasos del Metro Baquedano y en plena Plaza Italia, cerró definitivamente sus puertas el pasado sábado 2 de mayo, poniendo fin a una historia de casi cuatro décadas en el corazón de Santiago.
Fundado en 1987 por “Don Faustino”, el local se convirtió con los años en un clásico de la ciudad: un espacio abierto a una clientela tan diversa como su carta. Estudiantes, trabajadores, artistas y noctámbulos compartieron sus mesas durante generaciones, construyendo una memoria colectiva que hoy se resiste a desaparecer.
Más allá de su rol como fuente de soda, Prosit fue un punto de encuentro clave en la bohemia santiaguina. También fue, aunque muchas veces sin declararlo, un lugar significativo en la vida nocturna de la comunidad LGBTIQA+, funcionando como antesala, refugio o cierre de jornadas en una ciudad que ofrecía menos espacios de encuentro que hoy.
¿Cuántas historias se cruzaron en sus dos pisos y en esas mesas enfrentadas que parecían diseñadas para la conversación interminable? Prosit no solo servía comida: ofrecía permanencia, cobijo y una forma de habitar la noche.


A través de su cuenta de Instagram, la familia detrás del local compartió un mensaje de despedida: “Hoy nos toca despedirnos de estos rincones que fueron testigos del esfuerzo incansable de quienes entregaron su tiempo y corazón para mantener vivo el Prosit”.
“También nos llevamos en el alma las historias de nuestros clientes de siempre, que hoy nos visitan y nos cuentan con emoción cómo venían de niños, de la mano de sus padres, a sentarse en estos mismos lugares”.
Abierto prácticamente toda la noche, Prosit fue durante décadas un espacio transversal, donde lo cotidiano y lo nocturno se mezclaban sin distinción. Su cierre no solo responde a cambios comerciales, sino también a una transformación más profunda del paisaje urbano y de los circuitos tradicionales de la ciudad y en definitiva, a la pérdida irreparable de identidad de Santiago.
“Mañana la estética cambiará, pero la familia Prosit siempre recordará que la verdadera esencia del local fue, es y será su gente”, concluye el mensaje.
En su lugar, se instalaría un nuevo local de micheladas, marcando un cambio generacional en el uso del espacio.