Opinión

“No somos peligrosas, estamos en peligro”

Observar que los ataques de odio hacia seres LGBTIQA+ ha aumentado de forma alarmante durante el proceso constituyente, es algo que incluso puede esperarse, de seres extremistas que observan con pánico como el modelo al que tuvieron que atenerse durante sus vidas se desmorona.

Habiendo pasado dos décadas de este presente siglo, las personas que habitamos esta época seguimos debatiendo como configurar el mundo que nos rodea, con un constante debate en torno a quienes somos o qué habremos de hacer de cara al futuro han surgido de la mano nuevas corrientes e incluso nuevas humanidades, que más que novedosas formas de humanidad, son el síntoma de la erosión del modelo judeocristiano occidental de orden social. Clamamos finalmente desde los espacios más postergados de la sociedad un espacio en la toma de decisiones, de representación en los aspectos jurídico/civiles, en el mundo laboral/productivo y por vez primera, desde la imposición del modelo binario, una revisión al cómo se percibe el rol de les seres en torno a la convivencia humana.

Antecedentes de sensibilidades y existencias fuera del binomio hombre/mujer han sido rescatados desde diferentes disciplinas científico/humanísticas. En espacios cooptados por el conservadurismo religioso, como la biología, nuevos estudios han manifestado que equis-equis y equis-yé no “triunfaron” por sobre la heterogeneidad de la genética humana, sino más bien, por un “convenio social” se entendió como modelo y normalidad. La naturaleza patriarcal del orden humano también ha logrado ser cuestionada, ejemplos de sociedades matrilineales, aún hoy en este año 2020 resisten en diversos puntos del mundo. Quizás esto ha abierto nuevos cauces a una búsqueda histórica de las corporalidades y grupos en opresión, de constituir una nueva realidad donde cada cual tenga espacio y derecho a participar, en sus verdaderos colores, de lo que se entiende por sociedad.

Esta nueva fuerza a un anhelo muchas veces proscrito y censurado, ha sido posible gracias a la valentía de muchas personas que, de forma soberana y autodeterminada, han decidido reivindicar su diferencia. Seres muchas veces violentades en razón de su peligrosidad y es que como dicen las compañeras de Amanda Jofré “no somos peligrosas, estamos en peligro”, sin embargo, el acto de mostrarse en rebeldía o en diferencia al dogma vigente, ha de ser el mayor peligro a los pilares que lo sostiene y en razón de esto un sector social hegemónico, predominantemente compuesto por hombres cisgénero bien sujetos al modelo, han tendido a crear verdaderos espacios de tortura y violencia hacia nuestra comunidad. Ante esta realidad no podemos hacer como que el daño está allí afuera donde se golpea o se asesina sin piedad a otres seres, puesto que al desviar la empatía y la mirada entramos sin querer en la boca del lobo. Considerar que pertenecer al CIStema nos va a facilitar la vida en detrimento de empatizar con quienes no pueden encajar dentro del mismo, es creer que se puede tapar el sol con un dedo. ¿Qué sucede con la persona bien que conforma la sociedad, que ya no se sorprende ante los ataques de odio hacia la comunidad? ¿No hay un trabajo de cuestionamiento faltante al respecto de la indiferencia al dolor de otres? Es vital hacerse la pregunta de en qué lugar de la revuelta nos quieren y si acaso la sociedad indignada con la injusticia nos quiere en la mesa o debajo de la misma, para reconstruir el pacto humano que nos reúne.

Observar que los ataques de odio hacia seres LGBTIQA+ ha aumentado de forma alarmante durante el proceso constituyente, es algo que incluso puede esperarse, de seres extremistas que observan con pánico como el modelo al que tuvieron que atenerse durante sus vidas se desmorona. Pero, observar la indiferencia ante el odio es algo que preocupa seriamente. ¿Dónde están los despertados que iban a plaza dignidad cuando torturan, violan y asesinan a un hombre homosexual durante el día del plebiscito? ¿Dónde están las familias que aman a sus hijes cuando una madre recurre a una huelga de hambre para que liberen al suyo propio de las garras de la ley antiterrorista? ¿Querremos honestamente conformar una nueva sociedad en base a seres sacrificades? Aquí está la gran pregunta, debemos respondernos si nos despertamos ante la injusticia CIStémica que oprime de forma INTERSECCIONAL o despertamos únicamente al flagelo económico neoliberal.

Ante el odio recalcitrante al cambio del conservadurismo, las personas postergadas ya no esperamos adormecidas, reinterpretamos esa necesidad de sobrevida en base a obedecer, para empoderarnos en nuestra diferencia, no solo como consecuencia de nuestra propia fuerza, sino en la herencia de compañeres que han habitado este espacio de humanidad y que fueron la primera ola de libertad a cambio de sus propias vidas. Esta oportunidad de cambio no va a ser capturada por el cispatriarcado, porque hoy más que nunca las personas bajo la mesa sabemos como encontrarnos y configurarnos en resistencia. La opresión puede tener diferentes imágenes, pero tienen una base común que nos hace, ante cada crimen y dolor, más conscientes de nuestra propia comunidad. Ha de ser interesante observar como de aquí a ojalá unas semanas, los grupos humanos postergados reaccionan a esta ola de odio, de momento las personas LGBTIQA+ seguimos esperando a que nuestros padres, hermanas, sobrines, amistades y demáses se manifiesten en contra del odio, a nuestro lado, para impedir que persista el viejo modelo que tanto nos ha aquejado.

Gala Andrómeda

Guacha intergaláctica. Hija de la bruja escaldufa.
Botón volver arriba