La próxima vez, vecino, déjese atropellar


Hágame caso, vecino. Si no quiere marcas de esposas y grilletes, si no quiere ser un peligroso antisocial, si por casualidad el cemento no le deja conciliar el sueño, la próxima vez déjese atropellar.
El autor de esta nota estuvo a punto de ser atropellado por un motorista en Santiago Centro. Luego de ser agredido por un motorista y un grupo de garzones primero y por el mismo sujeto y un grupo de ambulantes después, fue a hacer la denuncia correspondiente. El autor resultó detenido durante 20 horas por haber roto el celular del motorista arrojándolo al suelo (fue su manera de evitar que lo arrollen) y se le impidió hacer su denuncia, mientras que el motorista salió caminando tranquilo y feliz.
Estimado vecino del barrio Bellas Artes, de Santiago Centro, ya, de Santiago entero. La próxima vez en que tenga la oportunidad de que una bicicleta, bicimoto o motocicleta esté a punto de atropellarlo sobre la acera, si es que consigue saltar y evitarlo, tenga en cuenta mi recomendación: mejor déjese atropellar.
No, no se extrañe. Imagine que usted, luego de no ser atropellado, increpa al motorista o ciclista. Le grita, le dice que es un tal por cual por andar quien sabe, media, una o dos cuadras por la acera sorteando a las personas -a los viejos sobre todo: son tan incómodos los viejos en la calle-. No le costará mucho imaginarse la reacción del conductor, reclamando por su derecho de ir por donde se le dé la gana. A fin de cuentas, sobre todo si son ciclistas, son la máxima expresión de la ecología y la lucha contra el calentamiento global. ¿Cómo osaría usted criticarlo? Pero asumamos que usted, equivocadamente, lo increpa. El conductor amenaza con pasarle por encima porque usted le está haciendo perder tiempo y dinero: el delivery llegará tarde y frío. En ese momento decisivo, le insisto: déjese atropellar. O expóngase, acérquese lo más posible para que el ecológico conductor pueda cómodamente, sin desmontar de ser posible, zarandearlo, empujarlo, patearlo. Si el motorista -está apurado el pobre- no se anima, pruebe cruzar la calle y ponerse a Merced de los garzones de un bar, digamos que un bar cualquiera, uno Rojo y bien británico, por ejemplo, donde al parecer los garzones matan el ocio atacando entre seis a los transeúntes o clientes que les caen mal o que -son garzones tan progres- consideran homofóbicos, xenofóbicos o del país equivocado. Aunque en realidad, a los garzones tampoco les gustan los maricas.
Si usted observa que sólo obtiene unos cuantos rasguños –lesiones se dice-, pues ponga más empeño, dedíquese: necesita sangre, carne abierta, un hueso roto nunca está de más. Porque imagine que intenta defenderse y, por decir cualquier cosa, usted le rompe el celular al campeón de la ecología y el delivery virtual. Créame: eso vale más que sus tontas lesiones. Sí, aunque lo hayan zarandeado, toqueteado, empujado, pateado. Un celular es un celular pues, ¿qué creía usted? Así que déjese de levedades y déjese atropellar y golpear con tranquilidad.
Asumamos que usted evitó ser atropellado, pero no pudo escapar de la golpiza. O de dos golpizas, por decir cualquier cosa. Y como usted cree en los cuentos de hadas, acude donde las autoridades a poner una denuncia: faltaba más, los ciudadanos tenemos derechos, ¿no? Bueno, vecino, prepárese para un tour de 24 horas por las tripas de la bestia. Imaginemos, sólo por echar números: cuatro horas de procedimiento, doce horas alojado y durmiendo sobre cemento, hacer sus necesidades -con suerte- en una letrina de texturas y olores orientales, dos horas esposado camino a hacerle una visita al simpático señor que, la noche anterior, lo consideró a usted un peligro para la sociedad, y finalmente unas cinco horas engrilletado de muñecas y tobillos con una cadena de por medio. Y si lo dejan en libertad -ay la prisión preventiva vuela amenazante sobre todas las cabezas: es tan voluble-, un par de horas más formalmente libre pero engrilletado en un calabozo hasta que los papeles -ahora son virtuales, pero- lleguen a liberarlo.
¿Y todo esto por qué? Bueno, por el celular pues. Porque el ecológico conductor declaró primero. Y esto es clave, sí, cállese y escúcheme: el que denuncia primero se la lleva. Puede decir literalmente lo que le dé la gana sobre usted, pues en todo le creerán, y como durante 12 horas se trata -lo del celular, claro, sus lesiones a quien le importan- de un delito flagrante, pues usted se va al bote. Y no olvide: una vez que lo detengan no le dejarán decir ni mu. Ni piense ya en sentarse y hacer su denuncia. Su amigo conductor, menos mal, estará ya en la calle feliz y tranquilo. Aunque por culpa de usted alguien recibirá el delivery frío.
Entonces, hágame caso, vecino. Si no quiere marcas de esposas y grilletes, si no quiere ser un peligroso antisocial rompedor de celulares, si por casualidad el cemento no le deja conciliar el sueño, la próxima vez déjese atropellar. Si es posible pídale amablemente al conductor que le pase dos o tres veces más por encima. Escuche mis consejos y no se exponga a, más tarde, tener que darme la razón.
** Si has leído esta nota y crees que puede servir para que alguien más tome conciencia de cómo están las cosas, puedes compartirla libremente. Por supuesto que comparado con lo que le está ocurriendo a otras personas, aquí no ocurrió nada realmente grave. Aun así, la nota puede servir, al menos, para que otros no sean tan idiotas como el autor.