Poemario de joven valdiviano aborda la experiencia mística homosexual desde la exploración de los cuerpos


El texto de Mathias Reimann, “Todos los hombres abandonan”, se publica bajo el sello Inti Ediciones y fue presentado en Espacio CANAL en el marco del Caudal Festival Valdivia. Reimann trabaja la experiencia homosexual y la relación entre el sujeto, la masculinidad y la mística a través de una exploración del cuerpo y el tacto sobre el deseado.
Entre la selva valdiviana y las discotecas del puerto, la obra “Todos los hombres abandonan” explora la experiencia homosexual desde la interacción entre los cuerpos y cómo a través de pequeños rituales mundanos, crean un léxico propio. Es en esta poesía en la que, desde un cuerpo sangrante y enfermo, se busca representar el espacio residual en el que inevitablemente habitan las disidencias.
Dentro de la obra, la lírica es intervenida por cianotipias de objetos como gomitas, coyacs, jeringas y recipientes para medicamentos que aparecen como recuerdos difusos en el espacio.
Sobre la obra, Reimann señala: “escribo desde una observación silenciosa y contenedora de mi propia historia, que si bien me pertenece a mí, no se puede desarraigar del sur de Chile ni de la experiencia de crecer como homosexual”. De esta manera, el libro dialoga con la poesía homosexual contemporánea, trabajando una relación problemática con los pares y la búsqueda de una espiritualidad enfrascada en los ritos, adhiriéndose a trabajos como aquellos publicados por Antonio Silva, quien es citado en el prefacio de la obra, Diego Ramírez, Claudia Rodríguez e Ivonne Coñuecar.
Desde Inti Ediciones, Leonel Flores nos comenta que añadir la obra a su catálogo “permite aumentar la difusión de voces disidentes y cómo sus experiencias intervienen en el trabajo poético propio”.
El libro “Todos los hombres abandonan” es una de las novedades que Inti Ediciones presentó en Caudal Festival Valdivia, siendo lanzado en Espacio CANAL por las poetas Josefa Vecchiola y Kütral Vargas Huaiquimilla.
Sobre el autor
Mathias Reimann (Valdivia, Chile, 1993) es productor cultural con formación jurídica y escritor. Su trabajo se desarrolla en la intersección entre la escritura, la producción artística y una comprensión situada de los procesos humanos, explorando el cuerpo como archivo y la herida como hito de identidad y sentido. Ha participado en diversas publicaciones colectivas. “Todos los hombres abandonan” es su primer poemario.


En la siguiente entrevista realizada por Inti Ediciones, Mathias Reimann comparte una conversación íntima sobre cuerpo, poesía y espiritualidad. El autor reflexiona sobre identidad, VIH, memoria y escritura desde el sur de Chile. Una invitación a leer y escuchar con atención.
¿Cómo crees posicionarte dentro de la poesía contemporánea escrita por autores homosexuales?
Honestamente me cuesta imaginar “posicionarme” dentro de la poesía contemporánea. No porque no encuentre un lugar, relativos o influencias, que ciertamente las hay, sino porque a pesar de mi deseo por hacerlo, siento que la idea de posicionarme es propia de una etapa más madura de mi escritura, y eso, en particular, es algo que, al ser mi primer poemario, siento que aún debo explorar. Así las cosas, y entendiendo la transitoriedad de mi identidad, hoy puedo decir que escribo desde una observación silenciosa y contenedora de mi propia historia, que si bien me pertenece a mí, no se puede desarraigar del sur de Chile ni de la experiencia de crecer como homosexual.
¿De qué manera definirías tu propia forma escritural?
La definiría como una obsesión por autorrevelarme capas de memoria que han quedado circunscritas en el cuerpo y que, sin embargo, no pude observar con atención en el momento mismo que los viví. Eso, más una cuota de búsqueda por la belleza, creo profundamente que la poesía es una herramienta que nos permite poner un filtro sobre las experiencias, embellecerlas y, en ese proceso, hacerlas más observables, más digeribles. Tranzo mi deseo de objetividad a cambio de poder observar detenidamente aquello que, si no, me resultaría insoportable, casi como una herramienta de supervivencia.
En el texto existe un trabajo en torno al VIH ¿Cómo lo posicionarías dentro de la obra poética y la cultura homosexual chilena?
Primero, el VIH dentro de la obra es, con mayor o menor intención, una ligazón hacia mi propia historia, pero también hacia una comunidad. Día a día, cuando tomo la pastilla, pienso que no puedo escapar de la secuencia de hechos que me han llevado hasta ese momento. A veces puede ser atrapante, pero sobre todo, ha sido revelador por medio de la obra de otres artistas como Rodrigo Ortega, Kütral Vargas Huaiquimilla o Antonio Silva, quienes me han inspirado, a través de la seguridad de verles actuar y hacer obra en el mundo, a escribir el poemario.
Quizás, eso responde la segunda parte de la pregunta, sin hacer un diagnóstico erudito, diría que en mi experiencia de crecer como diversidad sexual sentí el VIH como una sombra que nos rondaba (y aún lo hace): en el humor, en el miedo de vivir con VIH o en el valor de hacer obra de ello. De alguna u otra forma, aun antes de saber que vivía con VIH este siempre existió como una posibilidad temerosa pero que, tras años de atravesarlo, ha sido liberador: el alivio que viene con la aceptación de lo irreparable.
Tu texto es táctil, juegas constantemente con los roces entre los cuerpos ¿Crees que esta interferencia es de tu propia estética o proviene de un origen canónico de las escrituras disidentes?
No diría que es propio de mi estética, pero tampoco creo sea algo canónico de las escrituras disidentes sino de la historia común que nos atraviesa. Por otro lado, me gustaría destacar la influencia que la escritura de mujeres ha tenido sobre mí. No desde el erotismo necesariamente, sino de la posibilidad de escribir de forma encarnada. Pienso que, a veces, los hombres somos muy rápidos para presentar conclusiones, o ideas sobre las experiencias vividas, saltándonos la posibilidad de transitar sobre cada momento con el cuerpo.
Entonces, cuando recurro a mi cuerpo, a mi historia, inevitablemente llego a los encuentros con hombres mayores, al confundir amistad con sexo y a los límites que, poco a poco, hemos ido construyendo hasta ganar conciencia generacional. En mi adolescencia todos nos emborrachábamos, besábamos y más. Hoy sabemos que, al menos en ese estado, el consentimiento está viciado y que, por lo mismo, la atención y el cuidado son irrenunciables.
Dentro del texto hay una presencia mística constante en la que comparas la experiencia homoerótica con el enfrentamiento contra Dios y el padre ¿Por qué tomaste esta decisión?
Más que una decisión, al igual que sucede con el roce y la sexualidad, la mística es una forma de interpretar el mundo que vivo con la mente y el cuerpo. Crecí en un colegio católico y recuerdo desde los 10 años ir y volver con la idea de creer o no en Dios. Dejaba de creer y luego sentía mucha culpa, hasta que ya no creí más definitivamente. Durante años viví así, rehuyendo de Dios por creer que lo divino era un asunto de católicos. Hoy creo que el cristianismo en Occidente colonizó la búsqueda espiritual desplazándonos a un espacio de cinismo y autosuficiencia. Por ello decido, a través de mi escritura, reapropiarme de la búsqueda, es mi forma de decir “todos merecemos un Dios y nadie me quitará esa opción”, aunque ese Dios sea la sacralización de una ética, un fármaco que da vida o, simplemente, una pregunta.
¿Crees que existe dentro de tu texto, relación con el entorno en el que habitas? Pensando en la presencia constante de espacios naturales como bosques y lagos que chocan con discotecas y casas.
Absolutamente. No solo soy un homosexual que vive con VIH o un católico descreído, sino profundamente sureño, particularmente valdiviano. Si mi cuerpo y su memoria son fuente de escritura, no puedo dejar de escribir desde aquellos paisajes que cruzan todos mis sentidos: el aroma de la sal cuando la brisa viene desde el mar, la lluvia que me entristece y que detesto pero que no puedo dejar de habitar o todas las veces que he visto el horizonte del océano iluminado por una pequeña estela de luz y he pensado “ese paisaje es Dios”.
Estás junto a Inti, una editorial independiente. ¿Cómo llegaste a ellos? ¿Por qué decidiste publicar allí?
Llegué primeramente porque un conocido, José Martínez, con quien estoy muy agradecido, me recomendó que postulase a la convocatoria para formar parte de la colección 2026. Sentí gran emoción y solo esta posibilidad me motivó a escribir un poemario, así que muy agradecido de Inti por ello también. Luego, porque al revisar el trabajo que han hecho y los trabajos que han publicado se despertó en mí una fe en el proyecto editorial y las posibilidades que esto nos pudiera traer a futuro.
@inti_ediciones
@mathiasreimannflores
El libro puede encontrarse por ahora en ferias del libro o en la web de Inti Ediciones www.intiediciones.com