Opinión

Ante las puertas de Sodoma

Evidentemente la llegada del varón cisheterosexual a las puertas de nuestra ciudad del pecado no fue de un momento a otro, previo a ello una embajada basada en una jerarquía de placeres tomó parte del cotidiano virtual, declaraciones ávidas de heterosexualidad hegemónica plagaron la descripción de tantos y tantas…

Sitúo estas ideas entre una sensación de autoplacer y un poco de satisfacción encontrada en la app de ya sabes para qué, ocupada por ya sabes quienes. El enemigo acérrimo encontró esa pequeña Sodoma digital y la ha reacondicionado, digamos que en ambiente mucho más hostil del que existía previamente. Pero ¿podemos hacer algo al respecto de esta nueva normalidad grinderiana? De pronto nos encontramos en una encrucijada, usar o no el espacio, nuevamente esta disputa que habitamos la mayor parte de nuestra vida diaria. Antecedentes de criminalidad inusitada han envuelto la cuestión, tememos por nuestro bienestar y es dolorosamente curioso, que se replique el temor de la vida pública en una sociedad pontificada por la moral, en nuestras sábanas y espacios más distendidos e íntimos. ¿Nos han conquistado Sodoma sin darnos cuenta? ¿Será que dejamos entrar esta avanzada sin siquiera darnos cuenta? Me deslizo a estas ideas tocándome de forma simbólica y sugerente ¿Cúanto placer habita en el canon de masculinidad para el puticorazón de la colitud?

Evidentemente la llegada del varón cisheterosexual a las puertas de nuestra ciudad del pecado no fue de un momento a otro, previo a ello una embajada basada en una jerarquía de placeres tomó parte del cotidiano virtual, declaraciones ávidas de heterosexualidad hegemónica plagaron la descripción de tantos y tantas, frases peyorativas como “solo machos” fueron moneda de cambio habitual para las interacciones de este espacio. Vale la pena detenerse en frases como esta ¿Qué tipo de machos? ¿Los que colonizan desde los espacios más amplios del placer imperante? Aquellos que en un libreto de placer marketinado te encienden la entrepierna o de los cuales entran en tu intimidad, buscan saciarse de ti y luego, en un impulso de masculinidad patriarcal, te roban en el mejor de los casos y te matan en el peor. Desde el punk más nauseabundo y vagabundo surge la frase “kill your idols” para este tipo de casos corre la frase, asesina tus ídolos antes de que te maten a ti. Adoramos una construcción de hombre que nos arrastra al peligro, como adoramos el riesgo y la adrenalina de un orgasmo en medio de la incertidumbre, quizás por esto dejamos de buscar el amor en lugares sin esperanza, como diría la soa Rihanna.

Desde que la jerarquía del Grindr se higienizó y se convirtió en un simulacro de la sociedad cisnormativa, cada vez se me hace más difícil que me sacudan la coneja y al tiempo sentir verdadero placer, sé que quienes me buscan, desde el perfil sin rostro y sin descripción, lo hacen para satisfacer quimeras que no logran alcanzar. Pero, en ese tipo de mal soliloquio como los que hacía Fernando Colunga en todas las teleseries (ese galán del patriarcado telenovelesco mexicano), poco placer puede existir para una colita atravestada y barroca, las pocas frases que logran hilar para pedirme una foto íntima apenas esbozan mi interés sexual y desde el orgullo de maricona buena y entera les hago un bai flamboyante, digno de Cleopatra reina del Alto y Bajo Egipto, hija de Isis y dinastía Ptolomeo. Revisar nuestro arquetipo de deseo es algo que pocas veces hacemos, lo intuimos más propio e instintivo de lo que deberíamos, siendo que hasta en la marca de calzoncillos nos aparece ese modelo de ser masculino que debería producirnos placer. Nuestra app sodomítica se quedó chica en diversidades y se pobló de aventureros mal llamados “curiosos”, ante esto reencontré un placer que poco existe en la vida de a pie en la vida pública, decirle que no a un varón cisheterosexual y quedarme tan ancha.

Decirle que no a un insistente, infantil, poco seductor y probablemente mal follador heterosexual se ha tornado en un placer empoderador. Recibir la foto de un pene y decirles que tiene clamidia, una pasión llena de diversión. Porque finalmente se aprestan a la puerta de Sodoma virtual, con su seguridad y arrogancia, pero no caen en cuenta que las llaves de mi ciudad íntima, de mis sábanas y mi sexualidad las tengo yo. Algo crucial de recordarnos es que, a pesar del oprobio y la presencia del machito de turno, podemos darnos nuestro lugar ya sea en la vida pública como en la privada. ¿Estamos nuevamente en peligro? Sin duda alguna, pero debemos recordar que somos gatas viejas que han sabido vivir de espaldas en todas las esferas de nuestra vida. Estas letras no van de decir “no querai a los heteros porque nadie los quiso”, más bien son un momento para decirte que la habitual en Sodoma eres tú y tus compas, no al revés. En este sentido, date el color que querai respecto a los aventureros sexuales que dan un placer mínimo y regocíjate en esxs seres que quieren descifrarte a punta de charlas, lamidas, besos y caricias. Si te van a desarmar la bombarda sexual que llevas entre las piernas, que sea de la forma más plena y completa posible, que para malos polvos y rapiditos mucho nos pueden hablar nuestras compas cismujeres, lamentablemente hemos agarrado esa idea de que mientras más macho mejor y pues no mi ciela.

Lo único que rescato de esta exploración cisheterosexual de Grindr, es que se ha repletado de compañeras emprendedoras de la caricia, puesto que, son tan habitantes de Sodoma como nosotras las mariconas. De vicio a vicio y medio nos reencontramos las viciosas pecaminosas, crear lazos de soporte, de amistad, de chelas y tanto más es una hermosa posibilidad. Darle un “Te veo” a un dealer heterosexual que tiene polola, pero quiere una cortita contigo a las 4 AM es parte de una solidaridad entre oprimides. Para satisfacer weones, no gracias y si tanto nos desean entonces que aprendan a conquistarnos o que paguen, así de simple. Esta invasión de nuestra ciudad del pecado puede ser reversible, cada vez que les usuaries de la plataforma le hagamos tapa a los varones cisheterosexuales. Cada cual verá que hará de aquí en más, yo termino mis letras aquí diciéndole a un frustrado galán heterosexual que no necesita este cuerpo en el filo de la noche, para “hacerla piola”, que necesita un buen café por la mañana y una sesión de terapia.

* Quiero dedicar esta columna a nuestro compañero Miguel Arenas, una persona que lamentablemente encontró la muerte de manos de un hijo sano del patriarcado, nunca olvidaremos este crimen de odio y no bajaremos los brazos, hasta hacer de este mundo un lugar diferente.

Gala Andrómeda

Guacha intergaláctica. Hija de la bruja escaldufa.
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