

En plena pandemia y muy quitada de bulla, Taylor Swift ha lanzado «Floklore», disco con el que vuelve a demostrar su vigencia.
A sus treinta años, a Taylor Swift la podemos definir como una cantante, compositora, productora y aspirante a actriz estadounidense que partió en su adolescencia en la escena de la música country y que ha logrado mantenerse a través del tiempo en el firmamento pop. Taylor cerró 2019 como la mujer de la década, según la Revista Billboard, en tanto que en los American Music Awards la nombraron la artista de la década.
No todo fue color de rosa en 2019 ya que vivió un conflicto con el sello discográfico Big Machine por el uso de sus primeros éxitos y una incursión en el cine por decir lo menos curiosa. No obstante, la buena estrella de Taylor primó y el sello cedió en un comunicado en el que «acordó otorgar todas las licencias de las actuaciones de sus artistas para transmitir el programa y retransmitirlas en plataformas mutuamente aprobadas». Taylor también ha caído en la tentación de la actuación, porque tal parece ser que la cúspide de la celebridad son los Premios Oscar. Así como lo hizo en su momento Madonna, Taylor se embarcó en la adaptación cinematográfica de un musical de Andrew Lloyd Webber. A diferencia de lo hecho por la Reina del Pop en Evita, Taylor optó por un pequeño papel en lugar de un protagónico, en Cats. Si bien la película recibió críticas negativas, la prensa extranjera acreditada en Hollywood al menos le dio a Taylor una nominación a Mejor Canción Original por Beautiful Ghosts en los 77° Premios Globo de Oro. Cerrada por el momento la faceta actoral, Taylor lanzó The Man, una canción muy ad hoc con el movimiento Me Too en la que hablaba sobre feminismo y roles de género, declaración de principios contra el sexismo, con la que volvió a conquistar a la prensa.


Un año más tarde y con gran parte del mundo confinado por la pandemia del Covid-19, Taylor sorprende con un lanzamiento inesperado pero muy bienvenido en el que nos muestra una faceta intimista, sin prisas, que la devuelve a esas canciones narrativas que tan bien se le dan y en las que revela parte de sus experiencias personales, con lo que le da continuidad no solo al seguimiento de su música sino al de su celebridad alimentada por las canciones que le han escrito sus ex novios Joe Jonas, John Mayer y Harry Styles así como las que ella les ha escrito a su vez a sus ex. Mientras otras estrellas se desviven en esfuerzos de promoción de sus producciones, Taylor anunció escasamente 24 horas antes el lanzamiento de su nuevo álbum con colaboraciones con Bon Iver, Aaron Dessner, y Antonoff.
De su nuevo disco destaco cierto hilo conductor en aquellas historias que no fueron, que es probablemente una buena metáfora de lo que ha sido el 2020. Sin duda cada uno puede haber planificado o pensado lo que quisiera sobre este año y seguro ha visto como eso se esfumaba ante sus ojos. Cardigan es una canción hermosa con una frase que de seguro dará para muchos posteos “When you are young they assume you know nothing”, acompañado de un vídeo a la altura, porque reconozcamos algo, la pandemia ha sido la excusa perfecta para algunos de los vídeos menos logrados de la historia, resultado no solamente de la falta de presupuesto sino también de creatividad. The 1 es la canción ideal para recordar a todas esas relaciones que no alcanzaron a ser.
Taylor Swift suele cultivar una imagen en sintonía con aquello que llaman “American royalty”, como una especie de Grace Kelly pero inconformista, solo ser una Kennedy puede ser más american royalty que ser amiga de la célebre familia demócrata. Pocas podrían cantar algo como The Last American Dinasty con tanta propiedad, para contarnos la historia de Rebehak que es otra historia de algo que no fue “who knows, if she never shower up what could´ve been”. La premisa anterior evoluciona en Exile, en colaboración con la banda de indie folk Bon Iver. Cabe preguntarse que pesa más, las historias inconclusas o esas que terminan mal, “I think I´ve been this film before and I didn´t like the ending”, sin dudas las que más pesan son aquellas que repetimos sin darnos cuenta.
Por Pablo Salvador Sepúlveda
Master en Dirección de Comunicación, Universitat Pompeu Fabra