Opinión

¿Hombrecito pa’ la weá, estamos?

Finalmente se ha filtrado el vídeo corporal del carabinero Sebastián Zamora, archivo que no ha dejado a nadie indiferente. Esclarece elementos cruciales para el proceso penal que está en marcha y, además, de forma no tan sutil, un aspecto de la institución policial que es sobre todo violento, la institución policial tiene una disposición al encubrimiento y permitir la impunidad.

Algo entendido de coloquialmente, un eco a voces que hoy toma forma y fondo, “hay que ser hombrecito pa’ la weá ¿estamos?”, frase de alto simbolismo que muchxs seres asignados hombres al nacer conocen desde el primer momento, pero que toma una función grotesca en instancias como esta. ¿El “honor” masculino legitima la impunidad?, una duda que se hace urgente en el marco de cambios que estamos vivenciando. El silencio de los militares que cometieron crímenes de guerra, de las manadas de violadores que han cometido delitos sexuales, de los amigos que comparten material íntimo de víctimas de ciber acoso, la camaradería de grupos como Nido.org ¿se respaldarán en este código invisible, pero definitorio, de lo que se entiende por “masculinidad”?

Es urgente la cuestión en momentos tan convulsos a nivel social, donde todas las premisas se intuyen como un viejo orden y donde las personas interrogan cada vez más el porqué, de ciertos dogmas conductuales, atender a este arquetipo de hombre/compadre/perro/pana, que mantiene un silencio cómplice o que protagoniza actos violentos y criminales, puede ayudarnos a desarticular de forma temprana esas ideas instaladas, que queramos o no, alimentan y legitiman la dominación violenta de los hombrescis hetero patriarcales sobre otrxs seres fuera de ese grupo hegemónico. De forma irónica y elocuente podemos utilizar el término ‘Brocode’ (código de hermanos), para ilustrar esta predisposición sociocultural a la impunidad masculina y camaradería criminal. El término acuñado en la serie ‘how I meet your mother’ versaba de forma exagerada sobre códigos de conducta que legitimaban y sobre todo condicionaban la amistad masculina, además de legitimar y condicionar la propia identidad masculina, se es hombre solo bajo estos códigos y si se rompen ya no eres nada, o peor eres una mujer.

Quizás aquí está lo más decidor de este aspecto, el código de honor masculino versa sobre lo que sí y no debe de hacerse, cualquier falta al mismo te posiciona en un espacio fuera de la masculinidad hegemónica y esto, tristemente, en un espacio de peligro e inferioridad. Porque estos códigos no solo regulan las conductas entre pares (impunidad, compañerismo entendido como complicidad y encubrimiento), sino que también regulan las actitudes hacia lxs seres fuera de la masculinidad quienes están en este orden, en un espacio de vulnerabilidad. Ante esto se puede creer el código elemental dentro de la percepción social y personal de lo masculino, pero no que sea un código de los hombres, puesto que, aún con toda la presión patriarcal en torno a esta forma de definir lo varonil, no todos los seres masculinos han de responder de igual forma al mismo. Aquí se intuye que el sistema está roto en su base, pretendiéndose universal más no siéndolo en todxs los casos, tomando un sentido crucial la figura de la disidencia sexogenérica. Les compañeres que habitan la masculinidad y disienten de estas estructuras de impunidad, tienen mucho que decir respecto a como desligarse de este lineamiento adquirido en torno al sistema patriarcal.

De aquí en más una de las aristas para disentir siempre será la educación que posibilite una real libertad de pensamiento, una educación que comprenda todos los fenómenos humanos y posibilite una vigilancia crítica de como constituimos sociedad. Disentir al privilegio de permanecer en el statu quo siempre será una lucha, tanto de forma social como personal, sin embargo, alcanzar un razonamiento crítico a los códigos masculinos impuestos siempre brindará una esperanzadora libertad, tanto para les seres en la masculinidad como quienes están fuera de la misma. Una alternativa efectiva al respecto bien pudo haber sido la promulgación de la ESI (educación sexual integral), pero para ciertos grupos, bien insertos dentro del esquema social, esto les presento apremios ideológicos y éticos. El conservadurismo consideró escandaloso que la infancia tuviera un acceso plural y laico de la sexualidad humana, sin embargo, nunca reparó en las posibilidades de criar seres libres de estos paradigmas jerárquicos y violentos, entendiendo siempre al conservadurismo como un avatar de la tradición, aún cuando esta tradición conforme silencios convenientes y dominación amparada en la impunidad.

Aún a pesar de este elemento tradicional que legitima al hombre en base a su camaradería, cada vez de forma más evidente surgen disidencias en torno a ese modelo, esto en gran parte debido a que la mujer, ser siempre ligado a la crianza y al cuidado, ha luchado por un rol social más empoderado en el cual su voz se ha ido imponiendo al de la institución tradicional. Habitando la época del cambio de lo predefinido, presenciando el espacio tormentoso de la reacción conservadora al cambio, hemos podido habitar en lugares nunca imaginados. Dejar de ser hombres y mujeres del viejo orden, de siglos previos, para ser seres fuera de los roles de género o habitándolos todos al tiempo. Incluso en la idea de habitar todos los roles de género, surge un gran cambio al código de honor masculino impuesto por la tradición, puesto que ya no habitamos un rol único definitorio de todas nuestras relaciones y circunstancias, sino que podemos configurar identidades que pueden empatizar realmente con seres en diferencia. Consideraciones nunca observadas en la historia de la civilización judeocristiana occidental.

El cabo Zamora de mano de sus propios actos y la evidencia presentada en este vídeo ha de pagar, esperemos, la consecuencia que dictamine la justicia. Sin embargo, habrá que tomar más cartas en el asunto sobre esta conducta tendiente al silencio y la obstrucción de la justicia, que al parecer contamina a toda la institución policial (un baluarte de cultura patriarcal). Habremos de cuestionarnos si hemos de querer una sociedad punitiva en la cual se ejerce un rol de control y castigo, o vamos a decantar en una sociedad que eduque para respetar y sobre todo empatizar. Habitar la diferencia y resistir al modelo en cualquiera de sus formas quizás nos otorga un punto de visión imprescindible a la hora de reformular la sociedad que queremos, la que realmente queremos y no la que nos ha sido heredada por la tradición. Ante esta posibilidad observo esta época y disfruto la ironía dulce que comprende el hecho, que les seres se adaptan a sus tiempos, y que la nueva sociedad probablemente tenga mucho de reminiscencias con las culturas previas al “desarrollo/civilización” que nos llegó de mano de los “grandes hombres”. El futuro tiene forma de grandes seres y grandes hazañas sin un código de género interpuesto. Abandonando el binarismo patriarcal e impuesto, por una marea de expresiones y miradas más humanas.

Imagen portada: captura video.

Gala Andrómeda

Guacha intergaláctica. Hija de la bruja escaldufa.
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