La Dicotomía No Binaria

La Dicotomía No Binaria

¡Hola! comunidad de Revista Clóset. Como revista queremos desarrollar un área sociocultural que destaque y enfatice la literatura y el arte, y que particularmente nace, se expresa, tenga que ver o se desarrolle en la comunidad LGBTIQ+. Esperamos que nos encontremos entre las hojas manchadas de tinta y maquillaje, dolor y pasión, reminiscencia y plenitud. ¡Buena lectura!

Diego Olmedo Gallo nació en 1987, siendo clasificado en términos propios como un «millenial tardío». Tecnólogo Médico de profesión, no obstante, cultiva desde la infancia una gran pasión literaria, que hasta hace poco decide cosechar, también tardíamente. Su escritura posee como médula ósea la cruda realidad desde una perspectiva existencialista y posmoderna, con un estilo vívido de descripciones, todo macerado por su influencia del realismo sucio y admiración por el periodismo gonzo.

— Claramente todo esto es autodefinido, sino me voy a querer yo, ¿quién? —

En esta oportunidad, queremos regalarles un poema del escritor estadounidense Charles Bukowski, de su libro de poesía “Los días corren como caballos salvajes por las montañas”.

Charles Bukowski.

¿Te hablé alguna vez?

¿Te hablé alguna vez
de aquel maldito loco al que
le gustaba hacer el amor
frente a un
           ventanal?

Y también estaba ése
que se llevó el tocadiscos,
y ése que
rompió las lámparas
y ése con los
pelillos rubios en el
         pecho.

Y ése
en el suelo de la cocina,
y ese que
buscaba la boca
del Río Orinoco.

Y ese alto que
se hizo guardabosques
y dejó una nota a Roger
confesando que era marica.
          (pero Roger ya lo sabía)

Después está el comunista ‒ está en
Canadá
o Florida, solo que creo
que es otro con otro
nombre, y tengo una foto suya
saliendo a rastras de un bote de remos;
tiene un pelo gris precioso y la cara
un poco morada
y escribe estas
          largas cartas de amor.

Y Edwards era marica ‒ pero muy cariñoso;
encendía velas, tenía un gran sentido del humor y
las piernas muy peludas ‒ como uno de esos cangrejos
de tierra
          o un coco.

Y Jerry era como un caballo ‒
si le miraba a los ojos
no podía
besarme.
(Se hacía, pasar por gay
pero no lo era)
(Lo sé. Oh, siempre lo sé)

Después estaba mi idilio
del desierto ‒ la verdad es que no me gusta hablar
de ello, pero ya que me lo has preguntado ‒
creo que me amaba de verdad.
Me emborrache y
me caí del caballo
y me rompí el
brazo
cuando quisimos saltar una valla
montando los dos juntos
y su mujer me amenazó con
matarme
        de modo
                 que
                       me largué de la ciudad.
Solía subirme al
tejado con Manny.
Era muy raro.

Sus padres lo habían malcriado.
Mirábamos la luna con un telescopio: yo estaba
en el borde del tejado
y lo sujetaba
y él se sentaba
un poco más atrás
y miraba.

Y Carl tiene mi Drama
Through the Ages, de
Euripides a Miller.
(Tengo que escribirle para pedírselo. ¿Te
importa? Ese Carl ‒

era mi cumpleaños
y entré
y estaba inconsciente
borracho como una cuba
en el sofá
y le tiré
unas flores
(con jarrón y todo)
y se levantó
y me enseñó el más diminuto
brazalete de oro
en una pequeña caja de fieltro,
y lloré.
(Oh si, lo quería. De verdad
que lo quería ­‒ era muy dulce,
y siempre le estaba escribiendo a su madre ‒
“¡Dime cómo está Rita, por favor!”
pero su madre
         nunca se lo decía.)

Después estaba aquel viejo alemán bastardo
nunca saben cuándo rendirse.
Era calvo y yo lo odiaba,
parecía un sapo enfermo
y tenía mal aliento,
pero lo más divertido
era todo aquel pelo que tenía
en la barriga. Nunca me lo hubiera
imaginado.
Tenía un montón de dinero
pero estaba casado,
viejo bastardo,
y me dijo
que me quería,
y me contrató como
secretario,
siempre andaba jugando,
viejo bastardo
y al final se escapó,
aunque yo podría habérselo quitado
a su mujer
pero no soportaba a aquel viejo
bastardo.

¿Vincent?
No. No era nadie. Tenía miedo
de su hermano.
“¡Mi hermano!” gritaba
y salíamos corriendo por la puerta de atrás
hacia el jardín desnudos
o en bragas y sostenes.
Hice cortinas para su casa
y me llamaba hija
y cocinaba para él
y escribía todo en un pequeño
cuaderno negro y llevaba una gorra de marinero.
Tiraba dinero al suelo
y tocaba el órgano…
escribió una ópera para Órgano
titulada el Emperador de San Francisco.
Pero sobre todo me gustaba porque
conocía a los chicos,
una vez me llevó a Newman para que los conociera,
y en una ocasión, antes de que se volviera muy tacaño
me envió dinero
cuando estaba tirado en las islas.
Y Gus ‒ era como un padre para mí ‒
Hacía mucho tiempo que lo conocía.
Lo conocí en las islas
Cuando estaba tirado.
Creo que me salvó la vida.
Me echaron porque me habían pillado en las barracas.
Pero él lo entendió.
Oh, ya sé que no te gustaba,
pero es tan comprensivo.
Y cuando Vincent me envió el dinero
los dos nos vinimos a Estados Unidos.
Me dijo que se quería casar conmigo
pero tenía que cuidar a su
madre
que tenía una especie de
enfermedad crónica.
Siempre volvía a
las islas,
completamente perdido,
totalmente perdido.
Ahora no lo conocerías.
Dejó de beber
y pesa 150 kilos,
(y besaba igual que tú,
y tenía unos pequeños alambres en la pierna
izquierda, pero nunca me lo contó…)

… y el chofer
entró en la habitación
con un pollo vivo
en una cesta.
El tío agarró el pollo
por el cuello
y empezó
a retorcerlo y retorcerlo
y tendrías que haber oído
a aquel pollo chillar
y entonces le pegó un tajo con un cuchillo
y la sangre
cayó como lluvia
y el tío
tocó su flautín
y me miró a los ojos,
y eso es todo,
aunque hizo que me quitara
el vestido.
Me dio 25 pavos
pero de algún modo
todo aquello me puso enfermo.

Nicholas era un maricón
impotente,
y era mi amante.
Aún tiene mi
e.e. Cummings.
El primero estaba loco.
Hacía sonar
hojas de higo
sentado encima de la mesita del café
con las manos enredadas en mi pelo.
Tocaba el oboe
y ya sabes lo que dicen del oboe:
pero me lo
robaron
y era como un niño.
Le dio el oboe a un bailarín clásico
que se había roto la
pierna en
un taburete plegable
mientras hacía una excursión
en los Adirondacks.

Estuve comprometido con Arlington
solo tres semanas.
Y me arrancó el anillo del dedo
diciendo que no
quería casarse con todo
un ejército de maricones.
Un tiempo después se echó a llorar sobre mi hombro
y me dijo que era una abeja reina
y un general
y que se había estado engañando
toda la vida.
Lloré cuando se marchó

Ralph fue el único, eso creo,
que me amó de verdad,
pero no valoraba las cosas
más sutiles:
creía que Van Gogh era un pítcher
de Brooklyn y que George Sand salía
con Zsa Zsa Gabor.
Y cuando me envió dinero desde East Lansing
me compré un equipo de alta fidelidad y un toro de juguete
de ojos azules
y lo llamé Keithy-orinal.
Le envié a Ralph una azalea prensada y una foto
mía
totalmente doblegado
en bikini.

Sherman tenía miedo a la oscuridad.
Murió al tragarse un
cuesco de cereza. Roger ‒ ya te hablé
de
él; una vez Roger empezó
una buena historia
pero nunca acabó.
          Iba de un maricón
sentado en una mesa
en un club nocturno
y entonces llegaban aquellos tipos ‒
pero oh, no puedo explicarlo.

Peter se matará un día.
Art se matará.
Tommy pegó fuego a la cama y
le dio una paliza a su madre. Yo solo
viví con él
por ella. Fuimos
a la misa de Alkseltzer
juntos. Una vez
le pegó al
bajar del tranvía.
Después me pegó a mí. Lo odiaba,
pero era como una madre para mí.
Y entonces te conocí a ti.

¿Te acuerdas de aquel domingo en
el Round Duck?
Tú dijiste,
         vámonos a
         Méjico.
Y me llevaste a
tu casa
y me leíste a Erle Stanley Gardner
y después te quedaste un rato
en la ventana.
Te parecías a mi padre.
Tendrías que haber conocido a mi padre.
Era un borracho.
Oh, estoy tan contento de haberte conocido.
Haces que
me sienta tan
bueno. Cariño eres un
hombre.
¡El único
HOMBRE
de verdad que he conocido en mi vida!
¡Oh querido, cómo te
esperaba!

Yo tengo las manos frías y
¡tú tienes los pies
más divertidos!

Te quiero…

Elegí al viejo Buk porque creo fehacientemente que, alguien que tenga livianos atisbos sobre la obra de Hank, sólo conoce la superficie, y de ser así, jamás se hubiese imaginado el nivel de sensibilidad que se encuentra en este escritor, la que se puede llegar a conocer acercándose a alguno de sus más de 30 libros de poesía. Es decir, y como leí por ahí alguna vez, “quedarse en tetas, culos y alcohol” es quedarse exactamente en eso, en la superficie. Su literatura aborda el bajo mundo, la sociedad lumpen, la gente común que no se cuestiona el sistema que lo mantiene esclavizado ­‒ total siempre hay bares, drogas, prostitutas o amores incompletos y baratos ‒ los perdedores olvidados del sistema que crecieron deseando materializar su vida a través del escasa y esquiva idea de éxito en el siglo XX, y que tiene que ver un poco con el mal llamado “sueño americano”.

Es por ello, y en homenaje a su obra, que me atrevo —y espero les guste — a publicar uno de mis poemas en nuestra Revista Clóset.

Bukowski anus

Al final
hay que ser de
consistencia
líquida no
grumosa
que denote buena
alimentación
no tan
blancecino
me imagino
te refieres a algo anodino
inconsistente
pero no necesariamente
inútil
de sutil sabor

Es sólo que
he compartido mi
cuerpo muchas veces
quizás
por ello me da
lo mismo
limpiarme la raja
con una lija
cada vez que me preguntas
qué papel higiénico
prefiero
un domingo cualquiera
en el supermercado
de la
periferia.

Festival de Arte Erótico 2019

Ya eran las 19:00 horas y es viernes en La Piojera.
Después de un terremoto y una chela, y también de haber estado dirimiendo por unas horas sobre las similitudes entre el deseo y el amor, estaba dispuesto —al menos en estado anímico más una suerte de disimulada intemperancia funcional — a emprender el viaje, de extensa distancia, a pie, hacia el “Festival de Arte Erótico”, por Av. España. Era la sexta versión y mi primer evento como miembro de la revista, primerizo también en los eventos del mundo LGBTIQ+ —el único mundo que, tardíamente, me di cuenta, representa y a la vez, es, “lo real” —.

La ciudad seguía en caos, pues resulta que es un hecho ipso facto que la construcción que ofrece el gobierno genera más destrucción. Una construcción de ruinas sobre ruinas, llevando la imagen gráfica a la realidad de que no somos más que la vacua idea de un oasis neoliberal, la versión pobre de Dubái, más menos la misma periferia y esclavos en este caso indios, pero nosotros tenemos un gobierno corrupto. No saben que, del oasis, sólo somos el desierto circundante y extenso, de inalterable horizonte, donde pesan mis pies y se tensan mis músculos, avanzando tórpidamente por estas arenas infértiles y por el efecto placentero de las profundas caladas de humo canábico, desplazándome por las calles de Santiago. Sentir cómo la noche tibia sucumbe a las leves brisas frescas que ofrece lo único cálido que tiene Santiago, su noche. En esos momentos se evoca en mi mente la sensación de que la noche, solo la imagen, no el concepto, está sobrevalorada. Inmediatamente después a este mismo pensamiento me invade una repulsión, de sentirme un malagradecido con el escenario que ha cubierto las escenas amorosas más memorables y repudiables, ambas juntas o cada una por sí sola. Me acompañará mi prima y su amiga, que se llaman Nino y Nina, respectivamente, ambas artistas, y yo, el único huevón de carrera de salud que cree ser más que un bloque de cemento. Lamentablemente, el comienzo de mi relación con el mundo LGTB empieza con un error, de lo puro gil que soy. Para ingresar al evento, en recepción preguntan si la compra es con insumo médico o no. Yo estaba en la lista por la Revista Clóset, pero para el día sábado. El día antes es el precalentamiento. Quería estudiar más sobre el ambiente y del mundo, quería hacer de esta noche mi “sparring”. Noche que, para mí, hasta ese momento, esconde sutilmente lo desconocido, latente, provocativo e irreverente que me depara. En voz alta mi boca emite un suave “¿Qué significa el insumo médico?” girando mi cabeza hacia mi izquierda unos 30° y provocando unas pequeñas risillas de todas las presentes, como de cabro chico escondido en la esquina con una bombita de agua en la mano, y no cubriendo sus bocas, precisamente.

Ya adentro, llegamos en medio de una presentación, y después de observar las fotografías, nos dirigimos al patio, donde dos mujeres se frotan con arcilla y se remodelan y auto moldean contantemente, obstruyendo o bloqueando sus sentidos, emulando en algún aspecto, por ejemplo, la minimización de la mujer y los efectos de la mantención del patriarcado, también con elementos sexuales, representación del castigo y también, impresiona, del hostigamiento, cuyo elemento de represión es la figura fálica dominante. La performance continúa con la mutilación de un falo de arcilla, la ruptura del falocentrismo, imagen en movimiento que expresa finalmente construir y deconstruir. Compro más cervezas, se las dejo a las chicas, mientras me dirijo al baño paso por piezas oscuras con una iluminación rojiza y difusa, y como cambiando entre pestañas del navegador, las escenas de autosatisfacción como espectáculo colectivo, lo cual, no me molesta, sólo me llama la atención que el analizarlo me parezca divertido, pero a la vez sabiendo que muchos ojos, lamentablemente, ven aún esto como prohibido. Hice bien con haberme drogado antes de venir, y la volada acompaña todo como si fuese una banda sonora subliminal. Luego, pienso que igual entre ambos personajes existe una relación media hegeliana, pero al ritmo de Cher, por los altoparlantes. La barra está repleta. Llega una rapera de Perú, “FARRAH”. Una feminista potente, cuya letra es exclusiva, su vehículo de resistencia es la violencia y la inconformidad de las víctimas, en un discurso potente, una mirada que acusa sobre las miradas perpetradas, con la voz de guerrillera de la selva contra el sistema, denunciando a los machos, a quienes lo único que les queda es cambiar o esconderse, haciendo aún más turbia y espesa a la oscuridad. Se escuchan de su show y yo anoto “abortando en casa y con las amigas”, “yo no soy el sexo débil”, con unos aullidos que hacen temblar y rapear a todo el mundo. Al terminar compramos más cervezas y fumé más chistosos. Pronto iba a comenzar la compañía teatral “Tinta Negra” de Valparaíso, quienes realizan un teatro de intimidad en conjunto con la atmósfera generada por la audiencia. La obra que observaríamos, y no lo sabía aún, era “Heliogábalo”, un emperador romano trans. La obra, en la medida que avanza la trama adopta un aire dantesco, además por el buque que otorgan los diálogos expresados en italiano, me gusta. El emperador romano, al igual que todo el elenco, actúa de manera sobresaliente, adopta muy bien la sensibilidad que esconden los caprichos de vivir en situación de comodidad, a pesar de ser condenado y castigado a la muerte y el olvido, por celebrar las artes, o que el senado también esté compuesto por mujeres, celebrar las fiestas de exageradas orgías, y el nivel de bohemia. Todo esto con exquisitas expresiones corpóreas de siluetas vigorosas y danzantes, sin mermar la potencia de sus voces, su prosodia pulsante y punzante. Honrar a la madre desde el útero, reconociendo a la mujer. Paralelo a observar extasiado esta, hasta el momento, gran obra, pienso que elles están en un nivel superlativo. No necesitan realmente encajar en el mundo, ellos crean su propio mundo, y que siempre fue el mismo.

La obra, siendo de la edad antigua, pareciera en realidad ser contemporánea, muy vigente. La idiosincrasia del bajo mundo en repudio contra el sistema, diálogos que bien pueden ser sumas de soliloquios muy al estilo del “Howl” de Ginsberg, pero con una pasadita, como apanando a toda la obra con lo áspero y crudo de Bukowski. De pronto uno de los esbirros del emperador suelta esta genialidad de diálogo: “Entreguen carteras y celulares, suelten las monedas y no nos den la espalda, como lo hacían en la calle o en los medios… pero ojo, el que entra no tiene retorno”, “cacha las medias billeteras, culiá”. La obra en sí es una genialidad. Salimos a caminar para el retorno a casa, por entre las casonas del sector de República, cuando divisamos un carrete desbordante, literalmente no cabía más gente en el balcón. Mi prima y su amiga, férreas avezadas en el manejo de estas situaciones, entre los maullidos nos dejaron entrar solo con un par de gritos entre el balcón y el plano de los árboles avejentados, y donde nuevamente la noche sirve de escenario y cierre de telón. Subimos al segundo piso, atestado de gente hasta en las escaleras. Converso con extranjeros, como para matar el tiempo. En medio del carrete ubico una pared en esta casona de muchas piezas arrendadas, donde pueda apoyar mi espalda sentado para escribir un poema que no me iba a dejar en paz hasta plasmarlo en el papel.

“Qué noche
la de anoche
donde la libertad y la
liberación — hermanas de
distinta madre — ya
no poseen límites abismantes
ni tampoco conclusiones
tan tajantes
como para suponer
que la primavera tiene
fecha de caducidad
y que la noche se define
por ese manto negro
que cubre el firmamento”.

Llegué a las 06:18 a casa, con el cuerpo cortado ya de tanto ofrecerlo en sacrificio, en mi constante búsqueda de volver a la “vida en vorágine” que son los veinte, pero con la demostración patética de querer ocultar todas las cicatrices que genera mencionado ritmo de vida en mi carne y mis cueros maltratados de excesos, lo que ya a mis treinta y tantos años forma a duras penas mi cuerpa… todo lo que sucedió ya es otra historia, bajo la impasible misma noche, donde una vez más, cierro las cortinas de la pieza, mientras pía el cantar de los pajarillos como si yo hubiese elegido esta alarma para recordarme que, como en los años colegiales preadolescentes, a la misma hora, recuerdo que comía de mala gana un pan añejo tostado, pero con mantequilla humectando su superficie, y bebía además mi leche caliente con Milo, a la cual acuciosamente removía toda la nata de la superficie, para tener que soportar —al igual que varios años después— que la tele de la cocina animara las frías mañanas, una hora antes que comenzaran las noticias, con Azúcar Moreno, aconsejándome sabiamente con su “one, two, tree, ¡CARAMBA! dale marcha al corazón, ¡qué caramba!, dale al cuerpo bacilón, ¡qué caramba!… Sólo se vive una vez”. Bueno pues, a lavarme los dientes y a esperar bien peinadito la llegada del furgón escolar. Porque, aunque se viva solo una vez, igual hay que darle cara, aunque la arenga sea los íconos kitsch que bailaba en la Blondie, aunque la vida siempre me prepare medio dormido o medio despierto para desayunar, con resaca en la cocina, para asumir parte por parte, como las degluciones, todas las consecuencias de mis actos, de los cuales sólo tengo ánimo de responder por los más recientes.

Furia del Nilo

Furia del Nilo en el Dragfest, en diciembre de 2019.

Conocí a La Furia del Nilo en la Dragfest de la USACH el año pasado, mientras contemplaba las performances, sentado en las gradas de foro griego. Debo confesar, que lo primero que me impresionó fueron sus piernas, además que su cuerpo, su postura, su desplante, que marca presencia en todo el escenario y que logra toda la atención del mundo, incluyéndome, embobado con lo que recita, el poder de sus palabras y el sentido social que envuelve su discurso, de porteña rebelde, con sus colas y parafernalia indumentaria, tomándose todo el escenario.   

Tiempo después, las vicisitudes en la ambivalencia de mis caminos, me llevaron a palpar el deseo de ver sus shows en su Valparaíso, hablar con ella, mostrar que no solo yo estoy interesado en su creación y arte, escritura y poesía, sino que la Revista Clóset también me acompañaba en estas selecciones, en concomitancia con mis pulsaciones.

No he podido viajar ni quedarme en Valparaíso desde la llegada de la pandemia, así que me contacto con Furia del Nilo por Instagram para concretar una entrevista por alguna de las plataformas que me facilitan las universidades en las que hago clases.

Recuerdo que se dio un ambiente pleno, íntimo, decorado por las cortinas azules, cuyo oleaje lo forma el viento del ventilador cercano y la luz efervesce junto con la purpurina que contienen las cortinas. Comienzo con una pregunta obvia pero necesaria.

  • ¿De dónde, o qué significa tu nombre? ¿Cuál es el origen?
  • Fue una idea que, de un momento a otro, se transformó en proceso, como aprender a aceptar a la feminidad, y tiene un poco que ver con el contexto en donde yo nací y crecí en mis primeros 17 años, en un pueblo súper chico en el sur, en Angol, muy conservador y tradicional. Ya te puedes imaginar el punto de vista machista de mi familia y el bullying que sufrí en el colegio. Yo era el niñito amanerado.

    En primera instancia, yo, lo que identifico, es una necesidad de expresarme que no era aceptada, y que en este caso tenía que ver con todo lo artístico, con el canto, el baile, actuar, escribir y dibujar. Desde muy chico me gustó todo lo que se vincula a lo artístico. Pero ese lado de mí, yo lo asociaba a una parte más femenina, y eso era mal visto. ¿Cachai?

    O me agarraban pal webeo, definitivamente. Esto marca un precedente porque me permite identificar que hay algo femenino en mí. Considerando, y en contexto que fue algo que yo reprimí muchos años, incluso después de haberme ido de Angol, llegué a vivir a Santiago, porque entré a Licenciatura en Artes en la Universidad de Chile el 2008.

  • Yo también entré a la Chile ese año, a Tecnología Médica, qué buen Cartagua.
  • No terminé esa carrera, estuve dos años, pero no terminé. Viví el primer año con mi padre, que tampoco fue una experiencia tan bakán. Él no tenía control sobre lo que yo hacía. Después llegaba la noche, y chao.

  • ¿Y en qué parte de Santiago vivías?
  • El primer año en Maipú, pero en realidad he vivido en tantos lados que da igual. Yo estuve en Santiago 8 años. Viví en Santiago Centro, en Estación Central, en Lo Espejo. Cuando llego a Santiago aparecen otros referentes, conozco el trabajo de la “Hija de Perra”, empiezo a ir a discos gays y alternativas.
  • ¿Cómo “La Limón”?
  • No, en esa época no era Limón, en esa época era… porque estamos hablando del 2008, era la Blondie, era la Miel, alguna vez a Fausto y Príncipe. Me encuentro con mi etapa gay, ¿y por qué la etapa gay?, es porque hoy en día lo gay no es algo que sienta que me identifique. No me gusta que me tilden de gay, porque lo asocio a lo masculino, a lo normado, y porque siento que el gay va muy asociado al hombre, incluso a la influencia capitalista, y aparte el trayecto de mi vida me ha llevado a soltar al hombre y abrazar a la mujer, sin que eso signifique necesariamente que yo sea una mujer trans, por ejemplo. Pero… a no tener miedo de asumir la feminidad. Este es un logro muy importante, visto desde la corporalidad masculina.
Furia del Nilo, marzo de 2018.
  • ¿A qué te refieres con asumir la feminidad?
  • Tiene que ver con, uno: reconocer efectivamente los privilegios que se tienen al habitar una corporalidad masculina, ¿cachay?, si o si hay privilegios implícitos. Yo creo que la violencia que sufre un hombre no se compara con la violencia que sufre una mujer, sólo por el hecho de nacer hombre o de nacer mujer. Incluso si eres hombre homosexual puede que no vivas situaciones tan terribles como las que le ha tocado vivir a mis amigas.

    Para mí asumir la feminidad tiene que ver con identificar y reconocer esos privilegios, y ser capaz de desprenderse de eso también. ¿Cachay?

    Y desde ahí ha nacido un empoderamiento. Toda la vida me ha molestado que me digan “es niñita”, pero ahora no se constituye como un insulto, o que me digan maricón, colizón, lo que quieran decir.

    Aun así, y ya teniendo como todos estos descubrimientos, yo igual tenía una parada bien… plumofóbica, por así decirlo. Para mí, y a mis 17 años, era súper chocante ver un travesti, en mi vida jamás había conocido a una persona trans… hasta lo último que llegué a disfrutar, mi último gusto adquirido que es el travestismo, del transformismo. Me cargaba antes, no le encontraba sentido, no me daba risa. Me acuerdo que era el año 2011 y tenía un pololo que le gustaba ver a La Botota y sus amigas, el video del “tírame agua”, pero muy desde la distancia, y terminé cagándome de la risa y entregándome totalmente a ese humor. Paralelo a todo eso, toda mi vida estaba ligada al teatro, siempre me gustó el teatro, de hecho, me metí a estudiar arte por un capricho mío, pero siempre había querido estudiar teatro, y no había tenido la oportunidad. Al mismo tiempo, tenía un trabajo de oficina, de administrativo. Trabajé 5 años desde chico. Hay ratos en que pienso que desperdicié mucho de mi juventud ahí, pero también adquirí otras destrezas, competencias y experiencias. En cuanto a la plata, ganaba bien, como que me vendí, básicamente, al sistema. Ya había trabajado en muchos “Call Centers”, y estaba el papá de mi amiga, de dueño. Me fue bien en esa empresa por mi experiencia, aumentando mi cargo y mi sueldo. Pero sentí que en algún momento había tocado techo y que ni había más, tenía ya 24 años y dije “weón, estoy envejeciendo” y me veo en una oficina haciendo precisamente todo lo que dije que nunca iba a hacer. Había engordado caleta, dejé esa pega. Me digo a mi mismo que me prepararé para las audiciones, entraré a estudiar teatro. Empecé a prepararme para la PSU, y al mismo tipo comencé a participar en grupos teatrales en Santiago. Aparece la primera experiencia interpretando a un personaje femenino, que en realidad era una travesti, y resulta que se me daba naturalmente y como que todo el mundo se reía, a todo el mundo le gustaba “Oye, que te sale bien” decían. Irrumpe otro conflicto también, que era que, si no tenía la peluca puesta, no podía actuar, como que me cohibía. Entonces el director de la obra decía, “ya mira, necesito que digas este diálogo, y dale un acento como de animador argentino, como de Tinelli…” y no podía, no salía, que vamos de nuevo. El director era Oscar Castro, y se aburre, y me dice “ya, ¿sabí que más? Anda a buscar la peluca, debe estar en el armario”. Llego con la peluca y de nuevo me robé el show, y ese año ya era el 2015. Además, mucha gente de mis círculos cercanos, comenzó a decirme que debería ser transformista, y comenzaba a tomar sentido en mi la idea. Me vine finalmente a Valparaíso, a estudiar teatro en la UPLA, la Universidad de Playa Ancha.
  • Sí, es súper bonita.
  • Si, y bueno, mi experiencia en la UPLA fue súper caótica. Eran muchos conflictos, y uno de ellos era lidiar con el tema de mi edad, verme como yo el mayor y mis compañeros como muy pendejos. También existían inseguridades mías que me tenían súper bloqueado, a la hora de desenvolverme. Durante toda mi estadía en la UPLA, que también fueron dos años, insistí mucho en el travestismo y en los temas de género, me estoy refiriendo a que en mis trabajos mi temática era insistentemente el travestismo, la prostitución, la marginalidad y en temáticas de género. Entonces, estas claramente fueron señales que iban apareciendo desde antes. Eso es en el año 2016 y también en el año 2017, año en el que finalmente colapso, tengo una crisis emocional heavy, sintiéndome incapaz de actuar, sintiéndome totalmente frustrado, que yo no era para esto, y que me la había jugado todo a este sueño que no era para mí, así me sentía. Y dejé la escuela de teatro de la Universidad de Playa Ancha, o sea, ni siquiera me asomé a la U a hacer un trámite ni nada. Simplemente no fui nunca más. Y así, dejé todo tirado. Un día me encontré con el director de la carrera en la calle, que igual me conocía y todo, y me dijo “pero, ¿qué onda Nilo?” No supe nada más que decirle que las certeras palabras: “Así funciono, ya chao, me fui.” En octubre del 2017, en Valparaíso, con mi compañero fuimos a ver a la Lady Pussy, quien es una transformista de acá de Valparaíso, y es amiga y cercana. La Lady Pussy era una de las personas que me decían que debía ser transformista. Entonces, un día weando, le dije “oye tú deberías de maquillarme un día”, y me maquilló. Camilo, que es mi compañero y diseñador de vestuario, tenía un vestido que me quedaba como un guante, así justo. Más encima, en la casa donde vivía la Lady Pussy, tenía un amigo que hacía cosplay, y el amigo llegó con un hacha gigante, una cuestión inmensa, como personaje de videojuegos, tipo Final Fantasy, como así. En ese momento yo dije, “quiero el hacha”, y me sacaron fotos con mi vestido negro y el hacha. Era el año 2017 y ya le pongo nombre a este personaje, llega a mi cabeza la palabra: Furia.

  • ¿Y por qué?
  • Porque era lo que sentía en relación a todo, mi historia de vida, respuesta a injusticias, a cosas que se escaparon de mí y siempre me limitaron, en cuanto a lo que quería hacer y ser. De alguna manera todo eso se acumuló dentro de mí, y se convirtió en un fuego, que me moviliza, me dice que aprenda a maquillarme, aprende, hazte el truco, ponte un corsé, pégate un show, y trata de meter en ese show, en ese entretenimiento, tu universo interior. La necesidad de transmitir algo pero que no soy capaz de hacerlo desde el teatro, desde las artes visuales y mi actuación. Lo que nunca fui capaz de transmitirle al resto desde los lugares donde estaba tratando, lo que finalmente si lo pude hacer desde “La Furia”. Y esto ha durado hasta la fecha, es decir, desde finales del año 2017 e inicios del año 2018, nunca más paré. Ha habido periodos en los que no he hecho nada con La Furia, pero finalmente es algo que va como paralelo a mí.
  • De hecho, la primera vez que noté acuciosamente tu presencia fue en el Dragfest de la USACH el año 2019. Recuerdo que tu dominaste todo, con tus coletas, tu maquillaje, tu escrito con un claro mensaje social, de toma de conciencia, y tu escrito me dejó perplejo, por días. En fin, con nuestros límites dispuestos más allá de la comprensión del género y lo no binario, ¿cómo te gusta que te nombren, como Nilo o como Furia?
  • Me da igual. Me gusta mi nombre, me gusta caleta. Y Furia, tampoco me molesta que me reconozcan por ese nombre. Finalmente, igual hago un juego. Mi nombre de drag es Furia del Nilo, y la gente lo asocia con Egipto, por el río Nilo, no saben que yo me llamo Nilo. Es mi furia personal, pero me gusta que se le dé esa connotación como egipcia. Como que igual sí.

  • ¿Qué opinas de las terfs y las radfems?
  • Creo que con ellas no hay que hacer la vista gorda, porque ese tipo de criterios pueden convertirse en violencia muy rápido, con ese discurso. Yo creo que nuestra civilización es súper frágil, y las cosas que se han logrado como en el ámbito de comunidad, entendiendo todo el espectro gay, lesbianas, personas trans, etc. Y las cosas que se han logrado, se han conquistado, recién en las últimas dos décadas. De ahí para atrás tenemos miles de años de la historia de la humanidad en donde se nos ha asesinado, se nos ha golpeado, se nos ha obligado a llevar vidas que no queremos vivir, entonces, yo creo que nunca hay que hacer vista gorda a esos discursos, ya que lo poquito que tenemos hasta ahora es en realidad, súper frágil, y es necesario ir reforzándolo, en nuestra identidad también.

    El discurso de las terfs es un discurso que está cargado de odio, y de conceptos que lo único que hacen es reforzar el binarismo, en cuanto al género. Es decir, que si para ti, finalmente, ser mujer se reduce a lo que tienes entre tus piernas, o sea, ni siquiera la naturaleza es tan exacta respecto a eso, porque hay personas, que nacen y creen toda su vida que pertenecen a un sexo, como los casos de mujeres que generan caracteres secundarios femeninos pero que contienen las gónadas de hombre en su interior, algunas descubiertas por malestares cuya base era un cáncer de próstata. La naturaleza ni siquiera es tan radical al respecto. El feminismo tiene que considerar a las personas trans, tiene que considerar a las disidencias sexuales, junto con el quiebre del concepto de hombre, el que nos ha pisoteado a todas nosotras, la idea de la imagen del hombre, del bruto, del cazador, del proveedor, versus la mujer, y hay que entonces erradicar el binarismo, y desde esa perspectiva el discurso de las terfs se contradice solo. No lo puedo tomar como algo válido.
  • ¿Qué hay de tu maravillosa escritura?
  • En realidad, toda la vida me he dedicado a escribir, aunque he pasado periodos súper largos en que no lo he hecho, pero he escrito poesía, cuentos, así como también una especie de diario personal o bitácora, y tiene varias cosas, con las que me encontré el otro día, como una forma inusual y sorpresiva de sentir el rastro de las emociones embadurnando el pasado.

  • ¿Qué trabajos y representaciones te inspiraron en tu formación universitaria?
  • Recuerdo un personaje que hice para un examen de la U, que era una escena sobre la película de Pasolini “Saló” o “Los 120 días de Sodoma”. Recuerdo que tenía que hacer un monólogo para el examen de voz. Tomé la escena, adapté el diálogo, con su respectiva dramaturgia, utilicé otros textos, como la “filosofía en el tocador” del Marqués de Sade también. El personaje era una mujer que era como la cabrona, dirigía un puterío que también era motel. Y resulta que a esta cabrona se le llenan todas las habitaciones, como que ese día todo el mundo quiso ir al motel, entonces el motel estaba repleto. La madame, para apaciguar a los clientes y mantenerlos dentro, comienza a realizar un show.  Ese show consiste en narrar situaciones obscenas, les cuenta pasajes de su vida pero que son en realidad de grueso calibre en términos de obscenidad. Y de la película de Pasolini saco la idea de escena, las narraciones. Hay una escena en donde se juntan toda esa calaña de militares, políticos, obispos, que son gente que tortura a otras personas. Entonces, yo tomé la escena y quité el contexto como del fascismo, y lo situé en un motel de Santiago, de estos edificios antiguos, pero un motel de baja calaña donde se reúne lo más sórdido de la sociedad. Esa sería una de las primeras representaciones de Furia, que se llamaba recuerdo, madame Pelegrina. De hecho, al mes nació La Furia del Nilo. Lo que he conservado del teatro en estos años es su carácter de ritual, espiritual, a pesar de que puede sonar un poco a cliché, ya que en los últimos años se ha hablado de esta característica inherente del teatro. El teatro como un lugar para encontrarnos, para representar, de algo más allá de lo que se ve, pues la verdad está lo que se ve, eso que se percibe, que se siente. Cuando el teatro funciona solo desde la técnica y desde lo que se ve, pierde el alma, pierde intención, pierde propósito. Finalmente se extrapola a cualquier cosa que tu hagas. Ojo, que en el teatro y en el arte, el ego es un enemigo, como también podría ser algo que tu utilices a tu favor.

  • ¿Quiénes serían tus principales influencias?
  • Mira, digo que no hay drag que no me guste. De mis referentes, primero para mí está “Hija de Perra”. Mi primer contacto fue Pedro Lemebel, cuando yo tenía 14 o 15 años y no me atrevía a salir del clóset de manera oficial, aunque ya estaba con mis inquietudes y todo, fue una época muy tormentosa, donde yo sentía mucha culpa, y aparece mágicamente la literatura de Lemebel, y me doy cuenta de que lo que yo siento en realidad no es algo tan extraño, y que, además, no está mal. Otro referente, también desde la literatura, es una escritora chilena que falleció el año 1997, se llama Ágata Gligo. Su libro más conocido se llama “María Luisa”, la biografía de María Luisa Bombal. Ágata Gligo es una escritora, que en la época del “retorno de la democracia”, en los noventa, ella fue encargada de la cultura, o algo así. Luego publica su segundo libro, que tuvo buenas ventas, y se embarca en su tercer libro como proyecto único, ambientado en el desierto y la época de las salitreras. Llegó un momento en que ella se sintió estancada en la escritura de este libro, se bloqueó. Ella era muy amiga del escritor José Donoso, y le recomienda que, para salir de este bloqueo, debe llevar consigo un diario de escritor. Insiste en que no es un diario de vida, sino un diario de escritor. Igual escribe sobre su vida, e inquietudes, sobre el cáncer que la estaba matando. Y bueno, comienza a escribir esta bitácora sin la intención de publicarlo, pero finalmente en el transcurso del libro, se dio cuenta que no tenía nada de la idea original, el libro “Boca ancha”, y a cambio, dijo, tengo este diario de escritor que lo voy a publicar ya que se lo he mostrado a medio mundo y todos me dicen que aquí ya tengo un libro. Ese libro finalmente se llama “Diario de una pasajera”, también fue un referente súper importante para mí, me permitió mantenerme muy de la mano con lo materno, con lo femenino, y de la enfermedad, de la muerte. Sentirme tan identificado con ese libro y enterarme que la escritora había muerto caló hondo en mí, me marcó tanto como la literatura de Lemebel. Referentes tirando más hacia el drag, la primera es “Hija de Perra”, que genera un impacto tal en mí, que me hace decir “yo quiero ser como ella”. También. Tiene que ver, con que siempre me ha gustado la estética de una mujer más tosca, no necesariamente tan finita o delicada, ¿cachay?, mi mamá es una mujer súper fuerte, que partía leña, y se crió en el campo. Ver cómo mi madre desafiaba los roles de género, en el contexto en donde se desarrolló. Entonces, siento como que hay una fuerza ahí que siempre me inspiró. Ya con el tiempo, también, la “Divine”, con ese desplante de mal gusto y asquerosidad, en la película “Pink Flamingos”. Por lo que, se podría decir, que “Hija de Perra” y “Divine” son mis referentes drag, a quienes no busco necesariamente imitar, ni igualar, ni que mi estética se asemeje. Cuando yo me maquillo y salgo al escenario, yo logro identificar porqué a quienes te nombre los identifico como mis referentes, y eso es porque también soy una persona muy analítica de mi trabajo. Por ejemplo, termino un show, y tengo la grabación en mi poder, la comienzo a ver enseguida, para notar las cosas que debo cambiar, onda… “me siento super bien con mi show, gracias a toda la gente que me vio y felicitó, pero ahora yo necesito saber qué hice mal…”.

    Ahora, reconozco todo el rato, que la estética del drag norteamericano, “Rupaul” y todo eso son una influencia para mí, sin duda. Pero no es un referente como que yo elija, está en todas nosotras. Además, que esa influencia se extiende más allá del transformismo. Por darte un ejemplo, las cejas de la Paloma Mami. Ese estilo de cejas y su maquillaje viene del transformismo, de las drag. Ya no es algo de la noche, sino que puede llevarse en la cotidianidad del día a día. Tiene que ver con una necesidad de jugar con la imagen.

  • Bueno Furia, ha sido muy gratificante esta charla, conocerte más allá de la imagen y comprender a la vez a la imagen misma como fuente de tu propio ser. Espero que próximamente, llenes la sección nuevamente, y espero también tener la oportunidad de poder volver al puerto, y ver tu arte plasmado en el aire, en un Valparaíso que por más encerrado que esté, sigue irradiando hasta más lejos de su nimbo sordo.

Yo no vengo a pretender.
(Furia del Nilo)

Siendo éste mi último día, quiero manifestarme
contra la lluvia que me encierra y me obliga a escribir porque de otro modo no lo haría

Yo no vengo a pretender que soy un escritor con palabras en los bolsillos
ni un hombre exitoso
ni un sabio
porque yo no vengo a pretender

No he viajado porque soy pobre
no he conocido mucha gente porque soy invisible
no tengo familia porque los devoré
así que no vengo a pretender, sólo quiero escribir porque es lo único que sé hacer
y no sé si lo hago bien
no sé si al resto le gusta, pero tengo que seguir escribiendo

¿qué escribe?
no sé, me escribo todo el tiempo
y mientras más me escribo más estoy
y cuando no me escribo me muero por horas, días, cielos y pastos

y escribiendo llevaré a cabo mis más dulces crímenes
matando a todos sin tocarlos
y romper en lágrimas que de otro modo las usaría para molestar a algún amigo
o a la persona que me espera con un abrazo que ya no está

escribiendo para pinchar la bolsa con agua donde las moscas están paradas.

Texto travesti.
(Furia del Nilo)
¿Drag, transformista o travesti?

Hace más de dos años me maquillé por primera vez. Partí haciendo show en un reality acá en Valparaíso. Era febrero. He ido aprendiendo en el camino más cositas sobre maquillaje: me borro las cejas, luego base, contorno, luz, difuminar y sellado… en todo eso ya va casi una hora y hago una pausa pa’ fumar un cañito, pero si no hay tiempo podemos dejar el caño pa’ después, mira que soy lenta y siempre ando justa en la hora. Entonces seguimos con los ojos, y como esto es un ritual y, además, en mi ritual, la Furia será tuerta, como la Rita de El Circo de Las Montini o la vieja que te mostraba tu muerte en El Gran Pez. Total, es solo un ojo, se puede vivir sin un ojo y aparte la magia la llevo por dentro. Podría faltarme un brazo o una pierna y buscaría como hacer show igual… ya weona, que te vai en la volá hablando, píntate el hocico mejor… ya niña si ya estoy, me hago una boca bien grande, me pongo mi parche en el ojo izquierdo, luego la tortura de vestirse y ya estamos… pero ¿cómo?, ¿no vai a usar peluca?… no niiiña, mi chasquilla postiza y el resto mi pelazo, travesti orgullosa.

¿O acaso tú eres de las que se ofenden cuando les dicen travesti?

Vivimos en un mundo en conflicto, un mundo de fuerzas que chocan y tensionan, dualidades que nos rigen y determinan nuestro actuar. Un mundo de generaciones que replican lo que anteriores generaciones hicieron, como un bucle, porque eso funcionaba. Muchas crecimos con miedo, rechazadas, con culpa. Muchas escapamos de nuestras provincias a las grandes ciudades y el capitalismo nos metió el dedo en la boca. Pero también muchas otras dejaron hace tiempo la culpa atrás y decidieron hablar, mostrarse y cuestionar el status quo. Repensar lo que somos y cómo vivimos. Fueron precisamente esas figuras las que me inspiraron a hacer lo que hago, figuras como Pedro Lemebel e Hija de Perra, quienes irrumpieron y nos enseñaron que no éramos las únicas, que había más como nosotras. Por eso, las invito a deshacerse de la culpa del pasado, sin olvidar, pero avanzando sin miedo a soñar con nuevos lenguajes, nuevas formas de habitar nuestros cuerpos. Sin saberlo, al ser valientes y visibles estamos acompañando e inspirando a tantas otras cuerpas que nacieron con una alita rota.

La historia de mi cuerpo.
El volcán, parte III.
(Furia del Nilo)

Tranquilizado por la paz que había en la mirada de mi abuelo tras confesarle que era homosexual, sentí que al fin se acercaba un tiempo de tolerancia en mi familia, que esta experiencia serviría para cambiar tantas actitudes negativas que venía observando en ellos desde pequeño, partiendo por el odio a los homosexuales, a los extranjeros, a la gente con menos educación, etc.

– Necesito que vayas a mi dormitorio y te recuestes un rato. Intenta dormir mientras yo hablo con tu madre para poder tranquilizarla- pidió mi abuelo, el gigante.

El miedo por lo que había sucedido no me dejaba dormir, ni siquiera cerrar los ojos un segundo. En parte sentía culpa por mi madre, no como la primera vez que pasamos por esto, porque si algo caracteriza mis procesos, es que tengo más de una primera vez para todo. No quería hacerle daño, pero ahora el daño era más que necesario.

Mi abuela asomó:

– Mijito, yo te quiero mucho y te vamos a apoyar en esto. Usted va ir al médico porque eso que tiene usted es una enfermedad, quédese tranquilo, lo quiero mucho- Y se fue.

Ahí comprendí que nada se iba a solucionar, que el tiempo de tolerancia no venía, que lo peor estaba por llegar. Entonces aprendí algo: si vas a desatar el infierno, debe desencadenarse con todo. Esperé tranquilamente el llamado de mis abuelos, quienes me sentaron frente a mi madre y empezaron a hablar de su plan de acción. Primero que todo, yo dejaría de vivir con mi mamá y empezaría a vivir con ellos, en su casa, de la cual sólo podría salir para ir al liceo y luego devolverme a casa. No podría visitar la biblioteca municipal (a la cual iba dos o tres veces a la semana) y debía dejar el preuniversitario (estaba becado por dos años, y me faltaba uno para terminar). Si alguien preguntaba, diríamos que mi otra abuela había enfermado y mi mamá tuvo que viajar a Loncoche para cuidarla. ¡Con qué facilidad podía mentir esa gente!

– Considerando todo lo que dijimos, mijito, quiero que te pares y le des un abrazo a tu madre- dijo el gigante.

– No- contesté con una timidez que cada vez era más lejana.

– ¿Qué?

– Yo no voy a abrazar a esta mujer- dije señalando a mi mamá- ni voy a hacer nada de lo que ustedes tienen planeado. No voy a mentir con lo que soy, porque no es nada malo. Y ustedes, si me quisieran tanto, harían un esfuerzo por entenderlo. Si les doy vergüenza, pues no seré más parte de esta familia, y ahora mismo me voy de sus vidas. Pero no vengan a golpearme la puerta cuando yo esté bien, porque ahora han decidido abandonarme.

– ¿Y de qué vas a vivir sin nosotros?

– No sé, ni me importa. Y a ustedes desde ahora debiera importarles menos.

Un par de horas después, fui rescatado por una gran amiga de la vida, quien me acogió en su casa por un tiempo. Una amiga que me escuchó y fue mi mentora.

Ahí es cuando el volcán arrasó con todo, y su lava ardiente comenzó a enfriarse lentamente, petrificando el recuerdo de lo que alguna vez fue mi familia.

Poema: Nobleza de Sangre.
Manuel Ramos Otero.

Gracias, Señor, por habernos enviado el SIDA.
Todos los tecatos y los maricones de New York,
San Francisco, Puerto Rico y Haití te estaremos
eternamente agradecidos por tu aplomo de Emperador del Todo y
de la Nada (y si no me equivoco, de Católicos Apostólicos Romanos).
Los heterosexuales del centro de África, creo,
que son ingratos al no reconocer quel SIDA
les ha permitido entrar a la modernidad sin prejuicios,
aunque ya sí saben que la falta de lluvia y de alimentos
son tus justas artimañas de purificador y arquitecto de almas.
Señor, perdona a los bisexuales por su confusión innata
de creer quen la variedad de cuerpos está el gusto,
y sobre todo perdona a la mayoría moral, intachable y serena
que aún ignora la dulce cortadura de tu espada de carne.
Señor, si a alguien le debes agradecer la restauración de tu fama
es al evangelio de carpas, al ejército de circos y jaulas invisibles
que como un río de agua viva de hermanos y hermanas sementales de fe
rechaza tu perfecta belleza de almanaque y como de botánica,
y restituye en lenguas desconocidas hasta por filólogos, tu palabra.

Señor, perdona mi soberbia con los evangelistas de la televisión
y el decoro obsesivo con que piden tanto dinero en tu nombre
porque saben que tuyo es todo el oro de los Incas y el dólar noble.
Perdona a dos o tres poetas de la palabra escrita y a dos o tres
del cine que saben que la seda ni el terciopelo ni el brocado
podían ser tus telas favoritas y restituyeron tu divina mugre
de cuneta, igualando loza y broza en blanco y negro y tecnicholor.
Señor, me consta que muchos pacientes de SIDA que tiernamente creen
quel hombre (y creo que también la mujer) fueron hechos a tu imagen
y semejanza, piensan que tú has pasado por toda esa caterva
de enfermedades infecciosas que a los pacientes de SIDA nos aquejan
(y mira que hemos sido pacientes): esos sudores o escalofríos nocturnos
(como si para ti la noche existiera), ese cansancio eterno, Señor,
que no me deja caminar (y mucho menos dejar de escribir mi poesía),
esa marginación sin límite, ese asco colectivo al Kaposi Sarcoma
y a la tuberculosis, a la flaquencia y a los hongos epidérmicos.

Pero el apego a la vida de este mundo ha hecho a los pacientes de SIDA
ignorantes del contrato. Los cuentos mágicos de los leprosos y el de Lázaro
deben haber sido escritos en la China y como dice el refrán:
yo no creo ni en el médico chino, aunque sí creo en Las mil y una noches.
Señor, me voy a tomar la poca libertad que me queda, colonizado al fin,
y definir nuestra identidad: ¡Que nos llamen sidosos de una vez y todas!
Ya han cometido contra nosotros las barbaridades (y muchas más) que
dicen haber hecho contigo (con métodos privilegiados por nuestra era,
claro está). Señor, sólo me queda bregar con el asunto de tu identidad.
No voy a entrar en cuestiones personales ni a invadir tu intimidad
(que es inviolable), pero ¿qué te llevó a otórgales la franquicia
de la segunda destrucción de Sodoma, a los americanos? Freud diría:
¿Será, tal vez, tu soledad total, tu colosal hastío, tu complejo de culpa con
tantos genocidios, tu frustración sexual con los apóstoles,
o la ingenua ilusión de creer quel derecho al amor, a la carne secreta,
a la vida y la muerte aún te pertenecen con affidavit de cuna?

Diego Olmedo Gallo

Diego Olmedo Gallo nació en 1987, siendo clasificado en términos propios como un "millenial tardío". Tecnólogo Médico de profesión, no obstante, cultiva desde la infancia una gran pasión literaria, que hasta hace poco decide cosechar, también tardíamente. Su escritura posee como médula ósea la cruda realidad desde una perspectiva existencialista y posmoderna, con un estilo vívido de descripciones, todo macerado por su influencia del realismo sucio y admiración por el periodismo gonzo.
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