No existe un “gen gay”, confirma nuevo estudio de ADN, el más grande que se haya realizado

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El estudio, llevado a cabo por un grupo de investigadores en Europa, Estados Unidos y Australia, fue publicado el jueves por la prestigiosa revista Science, y tiene como objetivo enterrar la idea surgida en 1990 de que hay un “gen gay”.

¿Qué convierte a una persona en heterosexual, homosexual, bisexual o asexual?, ¿Es una opción elegida o está determinada por la propia biología?, ¿Nacemos o nos hacemos de una determinada orientación sexual? Desde hace décadas, estas preguntas son objeto de un acalorado debate científico. Algunos trabajos han hallado una explicación genética al comportamiento sexual humano, pero los resultados eran contradictorios y no se habían aislado variantes genéticas específicas.

Ahora una nueva investigación internacional, la mayor realizada hasta la fecha, muestra que las variantes genéticas de una persona no predicen de manera significativa si se tendrá una orientación sexual determinada. Influyen los genes, pero también el entorno del individuo, explican los autores de Estados Unidos, Australia y Europa que firman este trabajo en la revista «Science».

La explicación a la homosexualidad sería más sencilla si se hubiera encontrado un único «gen gay». Pero no, no existe, concluyen los autores. «La genética es un factor contribuyente, sin embargo no explica todo el comportamiento sexual.

Los autores de la investigación examinaron los datos de casi medio millón de individuos del Reino Unido y de Estados Unidos, recogidos por dos importantes estudios genéticos masivos, el UK Biobank y otro privado dirigido por 23andMe. Con esta información, cruzaron la presencia de variantes genéticas con los resultados de encuestas sobre sexualidad: en concreto, buscaron correlaciones entre ADN y las respuestas dadas a la siguiente pregunta: «¿Ha tenido sexo con alguien del mismo género alguna vez?». También miraron si los parientes cercanos de los voluntarios estudiados tenían comportamientos sexuales similares. La media de edad de los participantes analizados fue de 51 años.

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Tras analizar el genoma completo de los individuos, hallaron solo cinco variantes genéticas asociadas «significativamente» hacia la preferencia sexual por el mismo sexo, y miles más que parecen estar involucradas. Pero en conjunto, estas variantes solo tuvieron pequeños efectos y están lejos de ser predictivas, puntualizan los autores. Según sus cálculos, sumando todas estas pequeñas variaciones en la secuencia de ADN se podría explicar entre el 8 y el 25 por ciento de las diferencias detectadas en la orientación sexual. En definitiva, la orientación sexual es el resultado de una combinación compleja de influencias genéticas y ambientales, como sucede con otros rasgos humanos como la inteligencia.

El estudio no especifica los factores ambientales que pueden influir, ni a qué edad empiezan a importar. En la rueda de prensa en la que presentaron esta investigación, los propios autores reconocían la dificultad para señalarlos. ¿Condiciones sociales?, ¿culturales y educativas? ¿exposición prenatal a hormonas sexuales?… «La respuesta es sí a todo; podría ser cualquiera. Es difícil de cuantificar cómo todos esos factores podrían influirnos mientras aún estamos en el útero o de camino al metro por la mañana», bromeaba Ben Neale del Hospital de Massachusetts.

«Existe un efecto del entorno no explicado que será difícil de señalar. La sexualidad es un juego complejo entre el medio ambiente, la educación y la genética que no se puede predecir. No le echemos la culpa a los genes», indicó otro de los autores de la investigación.

Algunas de las variantes identificadas con el comportamiento homosexual tienen una correlación genética con ciertos rasgos de la personalidad, como la depresión, los hábitos de riesgo, el tabaquismo o el sentimiento de soledad.

«Nuestros hallazgos brindan información sobre los fundamentos biológicos del comportamiento sexual entre personas del mismo sexo, pero también subrayan la importancia de resistirse a las conclusiones simplistas porque los fenotipos conductuales son complejos, porque nuestras ideas genéticas son rudimentarias y porque hay una larga historia de mal uso de los resultados genéticos con fines sociales», expresa la investigadora Andrea Ganna.

La investigación en ningún caso supone un punto y final en el debate.

Texto tomado de abc.es

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