Cuando el respeto y la empatía pasaron a llamarse abuso de poder

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SELENNA

Este es el relato de una madre a su hija. Una hija que en la inocencia de su edad quiso vivir la experiencia de realizar su primera comunión. Esa necesidad, quizás inherente del ser humano de ir en busca de lo divino, de la ilusión de un vestido blanco, las estampitas y los primeros pasos dentro de una comunidad que cuando uno es pequeño ve con admiración…

“Hija, hace un par de meses tuviste un sueño; me pediste hacer la primera comunión, intenté no tomar en cuenta tu solicitud, pero eres una niña perseverante y lo conseguiste. A mi pesar te inscribí en el catecismo.

Yo no había vuelto a la iglesia hace tiempo y aún con recelo de mi parte comenzamos el proceso. Al pasar los meses, cual presagio, se dieron cuenta que eras trans y empezaron los problemas: ‘mamá los niños dicen que tengo voz de hombre, mamá los niños no se me acercan, mamá los niños ahora no me saludan, mamá ya no quiero ir a catecismo, me duele la cabeza, pero yo quiero hacer la primera comunión’.

Hablé con el padre párroco y él dijo: ‘no te preocupes, no la estresemos más, que no siga en catecismo, que haga su preparación en las Testigos de La Luz (comunidad de 8 niñas donde fuiste muy bien acogida) y luego le damos la primera comunión, con todo el grupo cuando se cumpla la fecha’. Sin embargo, nada resultó bien: el padre fue acusado de abuso de poder por parte del Consejo de Ministros, o sea la gente común y corriente que asiste a la iglesia, pidieron el traslado del cura. Para nuestro pesar, lo consiguieron.

El padre Pablo, un hombre ya viejo, que quiso darte un espacio de dignidad y respeto e intentó protegerte de la discriminación, dentro de un mes tendrá que irse a otra comuna, siendo apuntado como el que se saltó las jerarquías y tú hija mía, quedas con tu sueño a medias.

Hoy los daños colaterales, de tu existir, lograron sacar a buen sacerdote y esta vez ganaron los malos, pero tal como el padre Pablo dijo: ‘lo importante es que la niña esté tranquila y que no se de cuenta de nada, ella no es la responsable de mi salida’.

Selenna, al principio no entendí qué pretendías con este paso, pero ahora puedo ver claramente: me has vuelto a mostrar lo frágil que es el mundo real y lo mucho que necesitamos de aliadxs que se la juegan por valorar tu fuerza y tu sonrisa.

Lo que viene lo desconozco, pero estoy clara que esta historia no terminará acá Princesa, te lo prometo, este es tu sueño y lo vas a cumplir, le pese a quien le pese, nadie tiene derecho a no permitirte ser la niña maravillosa en que te has transformado”.

Eve Silva
Santiago, diciembre de 2018


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Revista Clóset

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